jueves, diciembre 1, 2022

Lo de Iñaki Gabilondo es una pena

En la radio, como en todas las cosas de la vida, existen tres mentiras. O existían. Ahora creo que existen muchas más. Y las tres mentiras antiguas de la radio eran:

1) No se conocía a nadie a quién le hubiese preguntado el EGM.

2) No se conocía a nadie que dijese que oía, explícitamente, a Iñaki Gabilondo. 

3) No se conocía a nadie que hubiese comprado un disco de Paloma San Basilio.

Lo del EGM sigue siendo un misterio como el de la Santísima Trinidad y lo de Paloma pudo ser una exageración, pero lo de Iñaki Gabilondo fue algo tan cierto como que a la mano cerrada se le llame puño.

Iñaki Gabilondo fue un producto típico de la SER. La Fuerza de la SER era muy grande e Iñaki era su consecuencia. Pero fuera de la Cadena de Polanco era un bluf. Nada. Se sabía en los medios pero nadie se atrevía a decirlo en voz alta. Pero, en cuanto salió de Gran Vía 32, pudo comprobarse: La SER no perdió oyentes con su salida y él se pegó el gran castañazo en la tele. Se demostraba así una de las grandes mentiras de la radio. Amén, claro está, de sus patinazos informativos el 11 de Marzo de 2004 y de su sectarismo en aquellos tres días de la infamia.

Su fracaso en la televisión fue tan tremendo que hubo que quitarlo de antena. Era un bluf con aromas de padre espiritual antiguo que no soportaba la audiencia.

Tras salir de la tele, me dio mucha pena verlo convertido en una especie de boxeador grogui llamando a todas las puertas para seguir contando sus batallitas. Ahora, PRISA ha decidido apiadarse de él y le va a permitir que se entretenga con un videoblog diario en dos medios del grupo. Triste destino.

Acabará siendo un juguete roto. Lo dicho, una pena.

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