domingo, diciembre 4, 2022

Explorar territorio desconocido

El Secretario de Defensa Bob Gates va recorriendo la lista estándar de factores han provocado la conmoción política por todo Oriente Próximo: el engrosamiento de la horquilla demográfica de los jóvenes, el paro, la corrupción. Empiezo a plantearle otra pregunta, pero Gates me interrumpe igual que si quisiera subrayar los peligros y las incertidumbres de este momento de la historia.

Gates afirma que la inquietud ha destacado «las diferencias étnicas, sectarias y tribales que llevaban años reprimidas» en la región, y que mientras América insta a los líderes a aceptar el cambio democrático, está la cuestión de «si gobiernos más democráticos podrán mantener unidos… a los países a la luz de estas presiones». La consecuencia: Hay riesgo de que el mapa político de Oriente Próximo pueda empezar a descomponerse también a consecuencia de, por ejemplo, la desintegración de Libia.

Entonces Gates dice algo que pocas veces los legisladores admiten en medio de una crisis, que es que desconoce cómo saldrán las cosas: «Creo que deberíamos ser conscientes del hecho de que los resultados no están predestinados, y que todo no tiene por fuerza un final feliz… Nos movemos en territorio desconocido y nadie sabe cuál será el resultado».   

El tono de Gates durante la entrevista es sosegado. Habló durante la que probablemente será una de sus últimas visitas al extranjero antes de su descontada jubilación este verano, pero sus declaraciones no tuvieron nada de triunfal. Más bien refuerzan su papel de voz de la prudencia y la franqueza en la administración Obama. Fue como si estuviera escrutando imágenes de satélites espía y no supiera discernir lo que mostraban.

En vísperas de su jubilación, Gates es un caballero que se complace en decir las cosas que son verdades inconvenientes. Cuando los legisladores hablaban de «zona de exclusión aérea» sobre Libia como si fuera una especie de remedio indoloro, Gates advertía certeramente que esto iba a ser un ataque militar. En un reciente discurso en West Point, decía que cualquier sucesor entusiasmado con destacar a otro ejército estadounidense en Oriente Próximo «debería de tumbarse en el diván».

Gates comenzó su carrera en la administración hace 45 años en la CIA, y conserva parte del escepticismo mordaz del buen analista del espionaje. Le gusta arrancar el confitado que rodea a las decisiones legislativas para que sus colegas puedan ver los riesgos reales y la realidad.

Hablamos en una jornada agitada en la que Gates está recibiendo informes de un probable golpe en Yemen contra el Presidente Alí Abdaláh Saléh, de protestas multitudinarias cada vez más violentas en Siria, y de la polémica acción militar en Libia. En todas direcciones, decía Gates, se podían ver los cambios en «estas placas tectónicas de Oriente Próximo que llevan inactivas cerca de 60 años».  

El reto para Estados Unidos, decía Gates, reside en gestionar de alguna forma este proceso de cambio — que «llega con independencia de lo que hagas» — de forma que fomente la estabilidad. Ofrecía dos lecciones a los líderes que se enfrentan a la inquietud: en primer lugar, «anticiparse al cambio» haciendo reformas con antelación; y en segundo, evitar la violencia, que «por lo general sale por la culata». Decía que si Hosni Mubarak hubiera hecho concesiones antes «probablemente seguiría siendo presidente de Egipto».

Un factor estabilizador ha sido la relación norteamericana con los ejércitos locales. En Egipto, donde tales contactos eran amplios, «no podríamos haber tenido más suerte de la forma en que salieron las cosas y, francamente, en la dirección de la junta militar», decía Gates. Y en Yemen, Generales y líderes tribales «nos dicen tener una impresión muy positiva de Estados Unidos».

En cuanto a Libia, Gates decía que su inquietud inicial con la zona de exclusión aérea se superó a causa del apoyo árabe: «Si la Liga Árabe no hubiera votado eso, habría habido un resultado distinto, tanto en las Naciones Unidas como por nuestra parte».

Gates creció en los años de la Guerra Fría, cuando el mundo, por muy peligroso que fuera, tenía estabilidad y era previsible. «Nunca nos hemos encontrado nada parecido», decía de la consternación actual en Oriente Próximo. Ofrecía una máxima básica del uso de la fuerza estadounidense: Frente a amenazas directas a su seguridad, Estados Unidos debe actuar «con decisión y, si es necesario, unilateralmente». En otros casos, como el de Libia, donde Estados Unidos tiene intereses pero no se enfrenta a una amenaza directa, sólo debería ir a la guerra con una coalición internacional.

Es revelador que cuando los estudiantes de la academia naval rusa de visita pidieron a Gates que nombrara su logro más significativo, él no mencionara los conflictos que libra en Afganistán y Libia, sino aquél al que él puso fin, Irak. Sin duda le gustaría legar a su sucesor un Oriente Medio más tranquilo, donde el cambio y la estabilidad se entrelazan, pero como decía, es algo tan esperado «que nadie espera que se logre».

David Ignatius

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