lunes, enero 30, 2023
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Reputación de los periodistas

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El caso de la entrevista en televisión a la esposa del presunto asesino de Mari Luz Cortés está originando una polvareda mediática que conviene no perder de vista. En este mismo periódico, el periodista Juan Varela, también hace una reflexión sobre el episodio que no puede dejarse pasar por alto.

Al margen de la casuística, excelentemente desarrollada por el Sr. Varela, convendría intentar hallar el por qué se ha llegado a esta situación, que ya tuvo un precedente en cuanto a comportamiento periodístico a principios de los años 90 con el triple asesinato de las niñas de Alcaçer.

Por comenzar por el principio y sin que el aludido tenga nada que ver con la polémica que nos ocupa, el actual Consejero Delegado de Antena 3, Silvio González, y exdirector general de Telemadrid, defendía la tesis de que calificar de “telebasura” a programas como “Tómbola” –emitido por varias televisiones autonómicas- era tal que llamar “espectadores basura” a los ciudadanos que veían ese espacio en el pasado y otros similares en el presente. Es muy posible que el Sr. González tuviera razón en su reflexión. Ocurre, sin embargo, que nadie se ha detenido posteriormente a profundizar en su análisis expuesto públicamente en el año 1998. No deja de ser curioso que por aquel entonces, hace trece años, las televisiones privadas envidiaban sonoramente a las autonómicas que emitían el citado programa. A algunos intentos por emularlo siguieron repetidos fracasos, ya que la marca “Tómbola” era imbatible y en su plató se cocían las rupturas más estrambóticas y los insultos más elevados de tono que imaginarse pueda. Si cabe, más que en los actuales. La “cara B” de la familia Pajares y Rociíto, entre otros,  nacieron entonces.

Las privadas, es muy cierto, seguían rezumando “bilis” de envidia hasta que Francisco Gimenez-Alemán, director general de Telemadrid (2001-2003) en un valiente y arriesgado gesto decidió eliminar el programa nada más tomar posesión del cargo. Le costó algunos puntos de audiencia pero la programación ganó en pulcritud y prestigio.

Tanto Telecinco como Antena 3 supieron esperar y, en lugar de importar directamente “Tómbola”, buscaron nombres y presentadores para llevar a cabo el mismo formato hasta nuestros días.

Pero entre tanto, el daño ya estaba hecho y la contaminación había llegado a otros programas televisivos de corte magazine,  ya fueran de mañana, tarde o noche. Incluso los contenidos de los telediarios se “tombolizaron” –y siguen a día de hoy- con una apuesta por noticias morbosas y  amarillas que los directivos tratan de disfrazar con el recurrente “contenido social y de cercanía”.  Es probable que la lucha por la audiencia haya matado el rigor en la información televisiva.

Hasta tal punto puede ser así, que ya en el año 2002 algunos periodistas de radio y televisión, fundamentalmente, fueron llamados a la Comisión Mixta de los Derechos de la Mujer donde se estudiaban causas de la violencia doméstica y se buscaban soluciones para erradicarla. Los periodistas comparecientes debían exponer sus opiniones sobre el tratamiento que se daba en televisión a esta lacra, y casi sin excepciones, criticaron duramente el modo de ofrecer este tipo de noticias tanto en los informativos como en los denominados magazines.

Los siguientes testimonios de la comparecencia dan prueba de ello.

Montserrat Boix Piqué, de Televisión Española, afirmó que “…el tratamiento que reciben –la víctimas- no es el más adecuado por imperar más el criterio del espectáculo, el drama, el victimismo y la atención a los detalles personales, que la información sobre medidas y mensajes que puedan aportar soluciones a este problema”.

También era de la misma opinión Alicia Gómez Montano, por  entonces subdirectora de Informe Semanal, que sostenía que  “…por razones de morbo, de sensacionalismo, de impacto ante la audiencia, los medios se resisten difícilmente a renunciar, por ejemplo, a testimonios desgarradores y escabrosos, aunque nada aporten a la solución del problema”.

Juan Ramón Lucas, presentador de informativos Telecinco en 2001, reconocía que “…el tratamiento sigue siendo superficial, por la propia dinámica del medio y la necesidad de ofrecer inmediatamente la información.”

El director de Onda Madrid, Alfonso García, decía en aquellas fechas que “en la actualidad muchos programas televisivos abordan el tema como un show dramático cuyo objetivo último, muy lejos del interés público, es lograr audiencia a través del morbo.”

Curiosamente en la citada Comisión también se encontraba como compareciente Ana Rosa Quintana quien, muy enojada, se dio por aludida y se sintió el blanco de esas reflexiones cuando ninguno de los presentes conocía previamente el nombre de los intervinientes.

Lo verdaderamente curioso es que, años después parece que los medios y algunos profesionales no han aprendido absolutamente nada y se sigue compitiendo por la audiencia a costa de todo, incluso a costa de los principios deontológicos del periodismo. En absoluto es intención de este editorial cargar contra la Sra. Quintana, periodista de reconocido prestigio, que se ha defendido de la polémica diciendo que su programa dio “una exclusiva que todo el mundo querría tener”.

Y tiene razón, pero no es menos cierto que no todo el mundo quiere tener una exclusiva a toda costa y denigrando la profesión al tiempo que se atenta contra la dignidad de las personas.

Editorial Estrella

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