martes, febrero 7, 2023

Incertidumbre egipcia

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Los acontecimientos de las últimas horas en el mundo árabe nos hacen reflexionar de nuevo sobre el trascendental momento que estamos viviendo. La intervención de Hosni Mubarak en televisión la noche del martes, puso de manifiesto el alcance de las contradicciones que se viven en Egipto. Mientras la población esperaba el anuncio trascendente de un proceso de transición democrática con su renuncia presidencial como punto de partida, el rais se limitó a anunciar que continuará en el poder hasta septiembre, fecha establecida para las elecciones; que no se presentará de nuevo – cosa ya sabida, pues se rumoreaba la intención de que le sucediera su hijo Gamal- y que no abandonará su país bajo ningún concepto.

Durante todo el día del miércoles, y en las últimas horas se están produciendo choques violentos en el centro neurálgico de la capital, El Cairo. Allí se producen encontronazos entre los millares de detractores del régimen y los que, a raíz de la intervención del presidente, han acudido para apoyarlo fortalecidos por su determinación para enfrentarse a las circunstancias actuales. Estos últimos, con una muy poco sutil concomitancia con fuerzas policiales y otros medios del aparato represivo del régimen.

El mundo diplomático observa con extraordinaria preocupación estos hechos, porque su secuencia pone de manifiesto que podemos estar en los orígenes de un enfrentamiento radical entre distintos sectores de la población, el aparato policial ante la mirada atenta de un Ejército que, en el peor de los casos, puede dividirse ante la actitud a tomar. El peligro latente de un incendio sin control crece por momentos.

Por su parte, la oposición ha llamado a una nueva movilización social para el próximo viernes, fecha que han marcado como límite para que Mubarak abandone definitivamente el poder y el país.

En las próximas horas veremos si se produce un retorno a la situación anterior o entramos en una nueva escalada hacia la violencia y el conflicto abierto entre los egipcios – un enfrentamiento de incalculables consecuencias – y que podría alumbrar una guerra civil. En esta situación, la presión internacional de las cancillerías sobre el presidente animándolo a acelerar su retirada, a la convocatoria de elecciones libres y al retorno a un diálogo con fines concretos con los líderes de la oposición, será determinante para decidir el modo en el que se producirá el futuro inmediato.

Mientras, en los países den entorno geográfico y cultural se producen los primeros movimientos: el anuncio de una próxima retirada del presidente yemení, la caída del gobierno jordano y los incipientes movimientos de protesta en nuestro vecino del sur, Marruecos.

Seguimos atentos.

Rafael García Rico

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