miércoles, noviembre 30, 2022

Invierno socialista, primavera popular

La cumbre de barones del Psoe convocada por Zapatero se ha cruzado con la convención nacional de los populares en Sevilla. El resultado de la contraprogramación ha sido el contraste entre el ánimo hundido en Ferraz frente a la euforia triunfalista de Rajoy. A pesar de que, según algunos asistentes socialistas a la reunión, no esperaban algo diferente a como ha sido, se palpan intenciones y velocidades poco conciliables. Los líderes autonómicos quieren que Zapatero cierre el pacto global entre sindicatos y empresarios lo antes posible, utilizar el entendimiento del superacuerdo de Estado para evitar los efectos de una segunda huelga general en sus comunidades, que la valoración en picado de Zapatero no les deje fuera de las urnas. Para esto, necesitan saber qué hará con su futuro, algo que podría ocurrir después de mayo. De la reunión a puerta cerrada ha trascendido un espíritu centrado en salvar los muebles, arañar cada escaño de las listas electorales, evitar un mapa de las municipales completamente “azul”. Extremadura y Castilla la Mancha son la esperanza roja, por eso Barreda y Fernández Vara han pedido discretamente – y off the record – que Zapatero anuncie su retirada y resolver la cuestión del sustituto después del mes de mayo. En definitiva, cávalas para paliar derrotas.

Del hemisferio Psoe al del PP, la diferencia no ha podido ser mayor. En la convención nacional en Sevilla, un exultante Rajoy ha contagiado a tres mil asistentes dando la bienvenida a una supuesta cadena de victorias electorales. Con la importancia que tienen los gestos y los símbolos, ha pasado del frío saludo con Aznar en el Congreso de Valencia en 2008 al cálido abrazo previo a la reconquista. Ha sido la clausura más triunfalista de una convención del PP, con Rajoy más preocupado por lo que hará una vez llegue a gobernar, en cuáles serán los retos, que en la estrategia de ganar los comicios. Llegaré a la Moncloa, ha venido a decir, ¿pero qué quedará?, “la peor herencia institucional, económica y social que haya recibido un gobierno democrático en España”.

El ánimo de victoria ha desinflado la crisis de Asturias y el intento de escisión de Álvarez Cascos. El ex Secretario General, sin personaje ni guión, se ha quedado en chascarrillo de pasillos, en algún que otro desplante soterrado. Ante el abrazo efusivo de Rajoy al alcalde de Oviedo, Esperanza Aguirre, quien días antes lamentaba la pérdida de Cascos y entonaba el mea culpa popular con un tajante “algo habrán hecho mal todos”, ha seguido en las mismas. La presidenta de Madrid se marchó de un foro minutos antes de que participara la candidata del PP en el Principado de Asturias, Isabel Pérez Espinosa. La recién llegada le ha restado importancia y Aguirre ha sumado a este gesto el haberse marchado antes del discurso de cierre.

Rajoy, que no puede presumir de levantar entusiasmos, llama a la confianza. Y en su discurso había más sensaciones que propuestas. Gobernarán, pero no dice cómo. La llamada a todos los españoles a la “recuperación nacional” es un proyecto en blanco. El primer y único anuncio, revisar las pensiones de los diputados, al margen de las contradicciones de apoyarlo en 2006 y mantenerlo el mes pasado en el Congreso y el Senado, se trata de una medida que afecta al dos por ciento de los parlamentarios, a 70 diputados de los 3.600, a un porcetaje mínimo de la población española. Ni siquiera las medidas locales afectan a tan pocos. De los sueldos vitalicios a ex presidentes o los billetes gratis de avión o autobús para los diputados no ha dicho nada. Y a pesar de agradecer en clave interna la unidad de partido, ha evitado abordar la limpieza de altos cargos implicados en procesos judiciales de corrupción. Ha recurrido a la inmovilidad de su perfil, y aprovechando que la corrupción en el PP no pasa factura, para permitir una gran ovación desde la bancada popular al presidente Camps. Es decir, un mal síntoma para intentar enmendar los errores, cribar los pecados de Gürtel o Brugal, de Valencia a Madrid.

En el ring del 2012, el ‘Seré presidente’ y el ‘Presidente bis’. Rajoy cree que se enfrentará a Rubalcaba. Y lo dice porque le viene bien; es un político de otros tiempos, sentado en la silla de un Zapatero fracasado, a quien la crisis seguirá soplando en contra ¿Qué más puede pedir?. Pero Rajoy se mantendrá prudente. Lo es. Sabe que se lanza a las generales con 16 puntos de ventaja, pero con el rum rum del 70 por ciento de ciudadanos tachando su oposición de irresponsable. El líder del PP no se moverá, ni se confiará. En Sevilla, en los últimos minutos antes de volver a Madrid, dejaba una de sus frases traidas de Galicia o del mejor cine clásico, «A veces, la vida plantea situaciones sorprendentes». Hoy lo decía sonriente y quiere repetirlo en 2012, acabar con el aura de aquel 14 de marzo en 2004, de aquella primavera que no fue.

Pilar Velasco

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