sábado, diciembre 10, 2022

Un vistazo más detenido a Obama

Los miembros del gabinete de la Casa Blanca son articulaciones de la voluntad de un presidente, y con el tiempo también modelan esa voluntad. Saben alentar o reprimir su entusiasmo; alimentar su mejor carácter o su rencor. Son instrumento e influencia en la misma medida.

Los cambios realizados en el gabinete del Presidente Obama los últimos meses no son cosméticos. La oficina de su jefe de gabinete y su equipo económico son casi nuevos; solamente las parrillas de defensa y política exterior quedan esencialmente intactas. Las remodelaciones de los gabinetes permiten comienzos nuevos. También son el reconocimiento implícito de que el sistema anterior no funcionaba según lo esperado.

Ese sistema era demasiado inestable cargado de asesores presidenciales con una relación personal previa con Obama, acceso directo a él y una orientación política asentada – Valerie Jarrett, David Axelrod y Robert Gibbs. El jefe de gabinete Rahm Emanuel, aunque poseedor de una personalidad vivaz, no tenía las riendas definitivamente. Era como si Obama tuviera cuatro Karl Rove. Uno es valioso, y suficiente.

El principal contraste entre el orden anterior y la legislatura de William Daley será institucional, no ideológico. La solemnidad y la experiencia de Daley despejarán la estructura corporativa. Debería de inspirar respeto entre los miembros de su gabinete y los del gabinete de la Casa Blanca. Al mismo tiempo, dado que no era ni un ideólogo ni una persona de las que se echan flores, los miembros de su gabinete y los del gabinete de la Casa Blanca no le van a ver como un competidor. Está bien situado para promover la decisión conveniente e implantar disciplina en un caótico mecanismo de decisió, los principales indicadores del éxito de un jefe de gabinete en la Casa Blanca.

Daley tiene una merecida reputación tanto de adulto razonable como de agente político eficaz. Su principal representante en funciones, David Lane (que hasta la semana pasada era colega mío en la campaña del colectivo contra la pobreza ONE), es hábil como cimentador de coaliciones políticas. El nuevo director de la Oficina de Gestión y Presupuestos, Jack Lew, es elogiado de forma generalizada por su rigurosidad. Durante sus dos primeros años, la Casa Blanca Obama estaba convencida de ser más despierta y más honrada que nadie de Washington, una postura que dificultó que tuviera seguidores. El nuevo equipo tiene posibilidades de alterar esta percepción con un profesionalismo más discreto.

Pero precisamente porque Daley no es un ideólogo, su nombramiento reviste ciertas consecuencias ideológicas. No es el conservador estirado salido del sector privado que ciertos críticos progres han retratado. Daley pasó, de una forma u otra, por casi todas las campañas presidenciales Demócratas desde la de Jimmy Carter. Pero claramente no considera a los Republicanos una especie distinta. Cuando fue nombrado secretario de comercio por el Presidente Clinton, Donald Rumsfeld nada menos habló favorablemente de él durante la vista de confirmación de Daley. Daley fue leve pero públicamente crítico con la estrategia de reforma sanitaria de Obama. El pasado año aducía: «Tenemos que escuchar cuidadosamente a la opinión pública de verdad. Los electores no están volviendo a suscribir la ideología conservadora. Pero debemos reconocer que el programa de la izquierda no ha logrado el apoyo de la mayoría de los estadounidenses, y, apoyados en esa admisión, hemos de seguir un rumbo más moderado».

Obama ha implantado una estructura de gabinete que le permitirá realizar un cambio hacia el centro-izquierda. La extrema izquierda cree que esto pasó hace años, pero sólo es el caso si se coteja con sus propios ideales sin concesiones. El análisis político de Daley es más fiable. Los objetivos políticos de Obama en puertas del período de reelección en 2012 son los mismos que los de la mayoría de los presidentes. Tiene que hacer cosas que complazcan a su electorado político sin alienar a los independientes. Y tiene que hacer cosas que conserven el apoyo de los independientes sin desalentar a su electorado. Esto siempre es un paseo en la cuerda floja. Pero la estrategia fue eficazmente anticipada durante la legislatura saliente del Congreso. La derogación de la «don’t ask, don’t tell» apeló al electorado de Obama sin alienar al centro (un símbolo de lo común que se ha vuelto el movimiento de los derechos de los homosexuales). El acuerdo fiscal pro-crecimiento con los Republicanos, dirigido a los independientes, despertó aullidos progresistas pero ninguna revuelta abierta. Es el modelo del retorno político.

Ese regreso es difícil, pero tampoco imposible del todo. La situación personal del presidente ha mantenido la buena forma hasta en los importantes reveses políticos. Y probablemente pueda contar con alguna ayuda Republicana. Cada uno de los tres últimos presidentes se ha beneficiado de la desagradable extralimitación de sus rivales.

Seguir una estrategia útil de retorno depende en última instancia del presidente y de sus decisiones legislativas, no del elenco de su gabinete. Pero los cambios en el gabinete de Obama dan a la administración una nota mejor, que es merecida.

Michael Gerson

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