jueves, diciembre 8, 2022

Menos humos

El presidente quiere dejarlo (el tabaco), aunque fuma “muy poco”, según le confesó a Carlos Herrera. La ley no tiene afán prohibicionista, aseguró, “y menos en un gobierno caracterizado por extender las libertades y los derechos”.  Así que se trata únicamente de defender el derecho a la salud.

Pero la prohibición de fumar en locales cerrados y en algunas zonas abiertas, y la psicosis ‘prohumos’ y ‘antihumos’ desata las pasiones. Debiera haber consultado antes la ministra Pajín a los expertos y terapeutas, ellos saben de primera mano que no siempre es gratis dejar de fumar.  Que es sano, sí, pero que conlleva para los adictos su factura en ansiedad. Y que hay “pacientes” para los que incluso es recomendable que sigan fumando, aunque si fuera posible, siempre algo menos.   

Un hombre joven ingresado en el Hospital de Cruces desafía la nueva ley al fumar dentro de las instalaciones hospitalarias. Reprendido por una enfermera, la amenaza e insulta. Resultado: el primer detenido en España por la Ley Antitabaco. El arrestado no tenía antecedentes policiales y recibió el alta médica justo antes de acudir a la comisaría y comparecer ante el juez.    

Más patologías.  Un hostelero de Otxandio (Vizcaya) rompe a mazazos la máquina de tabaco de su sidrería.  Enfundado en su delantal, dejó que se inmortalizara la protesta, a la puerta de su establecimiento.  “Si el Gobierno dice que no puedo fumar en mi propio local, tampoco se va a llevar un duro del tabaco», manifestó con rabia tras destrozar la maquinita. 

Asociaciones de consumidores ya han recibido denuncias contra el Asador Guadalmina, en Marbella, al anunciar su desafío contra la ley antitabaco. El baile continúa. 

Y en plena histeria entre los afectados por el tabaco y por la prohibición -justo es reconocer que hay legiones de encantados-, se oye la voz del alcalde de Valladolid, otro caricaturista grosero de la ministra Pajín, que se toma la venganza por tanto aspaviento excesivo. Y compara la delación contra el fumador -qué capítulo peligroso-, nada menos que con las delaciones en la época del nazismo.  Menos humos, que las palabras tampoco son banales.  Podríamos imaginar ocurrencias. Como la de dotar de inspectores ‘anti humos’ entre los afiliados al INEM, y de otra tacada, bajar algo las desbordantes cifras de parados.  Lo malo sería entonces que los escasos contribuyentes, si dejaran primero de fumar –lo que ganarían en salud- y de conducir después -lo que reduciría el riesgo de accidentes, y de pagar las multas-, el Gobierno tendría que explorar otras sanciones para afrontar la debacle del erario público. 

Chelo Aparicio

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