jueves, diciembre 8, 2022

Error del PP

Francisco Álvarez-Cascos es uno de los activos más sólidos del centro-derecha español, y no solo por su larga experiencia en la política local, regional y nacional, sino porque su capacidad de trabajo y de gestión le ha valido ser respetado en el partido como uno de los secretarios-generales más competentes. Así fue también su alto grado de eficacia en la Vicepresidencia Primera del Gobierno (1996-2000) y en el Ministerio de Fomento (2000-2004), etapa esta última en la que abordó un amplio programa de obras públicas, una parte importante de las cuales llevó a cabo y muchas otras las dejó plasmadas en el Plan de Infraestructuras de España (PIE), de cuya autoría se apropiaría después Magdalena Álvarez.

La petición de baja en el Partido Popular de uno de sus históricos fundadores es en sí misma una mala noticia para la democracia, porque no es fácil encontrar personalidades con el perfil profesional y político de Álvarez-Cascos, su nivel de conocimiento y valoración en toda España y su carácter indomable en el ejercicio de sus funciones, lo que acaso le generara ciertas animosidades pero que la opinión pública percibía como sentido de la autoridad y de la firmeza en las convicciones.

Paco Cascos, como le llaman sus muchos amigos, creía prestar un servicio más al PP ofreciendo su candidatura a la presidencia de Asturias en las próximas autonómicas, y es de resaltar que miles de militantes de aquel partido recibieron con alivio la noticia, porque veían en el antiguo concejal de Gijón la única posibilidad de ganarle las elecciones al PSOE en el Principado.

Sin embargo, parte del aparato, manejado por la ambición y por las viejas rencillas provincianas, ha logrado que Mariano Rajoy desestimase la candidatura de Cascos a favor de una concejala de Oviedo, Isabel Pérez Espinosa. La decisión no puede ser calificada sino de error mayúsculo y se puede vaticinar que el Gobierno de Asturias volverá a estar en manos socialistas después del próximo 22 de mayo.

A la dimisión de Cascos como militante del PP le seguirán otras igualmente significas. Y si el exministro se embarcase en la aventura de de crear una nueva formación política para presentarse a las elecciones, cuando menos la derecha asturiana quedaría divida y sin duda tocada para muchos años. No es explicable que errores de bulto que se ven a tiro de legua sean ignorados por un partido en uno de sus mejores momentos y que a escala nacional tiene ya entreabiertas las puertas del Palacio de la Moncloa.

Enrocados en sus propias miserias y mirándose el ombligo, los partidos políticos adolecen de mirar con alturas de miras en beneficio de lo más conveniente en cada momento y situación. Esa virtud la llevó a sus últimas consecuencias el PP cuando José María Aznar designó para sucederle a Mariano Rajoy, que ni era del gusto de todos ni tenía mayores merecimientos que Rodrigo Rato. Sin embargo, la elección de Aznar no fue contestada en el seno del partido, al menos públicamente, y así el nuevo líder pudo actuar sin ataduras y con una formación unida.

El PP lamentará largo tiempo el contencioso que se le abre en Asturias, a pocos meses de las elecciones autonómicas, y quienes han conspirado para tumbar la candidatura de Paco Cascos sufrirán las seguras consecuencias negativas de este error.

 

 

Francisco Giménez-Alemán

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