sábado, noviembre 26, 2022

La aparición del partido petulante

La legislatura saliente del Congreso ha iniciado a los estadounidenses en el sistema tripartito de administración pública: el Partido Demócrata, el Partido Republicano y el Partido Petulante.

8 de los fundadores del Petulante salieron a la palestra la mañana del martes en el estudio de Senate TV para ofrecer la actualización de su causa más reciente: la derrota del tratado de armas nucleares con Rusia. El tratado New START, que el Senado aprobaba el miércoles, cuenta con el apoyo entusiasta del jefe del Estado Mayor y del resto de la cúpula militar, por no hablar de seis secretarios de Estado vivos que formaron parte de administraciones Republicanas.

Pero a los Petulantes no les importan los avispados Republicanos. No les importan los deseos del mando militar. Lo que les importa es conservar lo sagrado de… ¿el receso navideño?

«El hecho de que estemos haciendo esto con el pretexto de las Navidades», denunciaba el Senador Jim DeMint, P-S.C., «es algo por lo que indignarse».

El Senador Lindsey Graham, P-S.C., estaba indignado. «Aquí estamos, la semana de Navidad, a punto de tramitar potencialmente un tratado», protestaba.

Y el secretario del grupo, el Senador Jon Kyl, P-Ariz., ya anda diciendo que el programa legislativo de los Demócratas viene a ser «pasarse por el forro una de las fiestas de los cristianos más sagradas».

La cosa por tanto queda así: los miembros del Partido Petulante quieren impedir el trámite del tratado START (y bloquear un anteproyecto que ayudaría a pagar los gastos médicos de los que se personaron primero en la Zona Cero) porque les gustaría llegar a casa a tiempo para su pudín de higos. Esto podría llamarse jugar la baza navideña.

Por supuesto, los reparos de los Petulantes tienen poco que ver con el receso navideño. No se desafía la opinión del ejército estadounidense en cuestiones de Interior y se rechaza la sensatez de generaciones de venerables estadistas Republicanos simplemente por inquietudes vinculadas al calendario de Adviento.

El secretario de los Petulantes Mitch McConnell (Kentucky) detallaba la verdadera razón el lunes en el estrado del Senado. McConnell, que dijo que «el objetivo más importante con diferencia» de los Republicanos es la derrota de Obama, decía en este caso que no quería catalizar «el deseo de ciertos políticos de anunciar una victoria política y celebrar una rueda de prensa antes de cumplir el primer año».

Tan poderoso viene siendo el deseo de los Petulantes de negar a Obama una rueda de prensa que desafiaban la recomendación del jefe del Estado Mayor Mike Mullen y del Secretario de Defensa Robert Gates (un vestigio de la administración Bush) en su infructuosa defensa el sábado de la prohibición de que miembros del ejército en activo declaren abiertamente su orientación sexual, contenida en la «don’t ask, don’t tell». E independientemente, los esfuerzos de los Petulantes por impedir que se sometiera a votación el proyecto de ley del 11 de Septiembre recibía apelativos como «desgracia» o «vergüenza nacional» de los presentadores normalmente amistosos de Fox News.

Preguntado por la ley del 11 de Septiembre en Fox News el domingo, Kyl menospreciaba «el atractivo emotivo» manifestado por los que se personaron primero en el desastre.

Pero Kyl era el que hacía un llamamiento emotivo el martes. Iniciaba su rueda de prensa sobre el START con una queja de que los Demócratas adoptan «un enfoque muy partidista con este tratado».

Debe ser así como obtuvieron el apoyo de Colin Powell, Jim Baker o Richard Lugar, coordinador Republicano en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

Otros Petulantes se quejaban de que los Demócratas trataban de «tramitar la legislación a toda prisa» (John Thune, Dakota del Sur) o de «interferir en el Congreso» (Graham).

Esta «prisa» se prolongó durante ocho meses e incluyó largas vistas en los tres comités del Senado.

Sin embargo, el Senador Jeff Sessions, P-Ala., decía que la «prisa» impedía un debate del hecho de que «la principal amenaza… proviene de Irán y Corea del Sur, entre otros lugares».

«Corea del Norte», rectificaba Kyl.

Orrin Hatch, P-Utah, decía que la prisa significaba que «tengo que retirar mi apoyo a algo que me gustaría apoyar».

Pero la irritabilidad no iba a impedir un atisbo de razón en el estrado del Senado. «Votaré a favor del tratado porque los seis últimos secretarios de estado Republicanos apoyan su ratificación», anunciaba el Senador Lamar Alexander, R-Tenn., añadiendo que la ratificación «prolongará las políticas de los Presidentes Nixon, Reagan, George H.W. Bush y George W. Bush».

Un par de horas más tarde, el Senador Bob Corker, R-Tenn., sumaba su apoyo. «Si nos fijamos en la composición de nuestro Estado Mayor» aducía, «cada uno de estos caballeros fue nombrado por un presidente Republicano», y «cada una de estas personas ha manifestado claramente su apoyo a este tratado».

«La pregunta», decía Corker, «es ¿un sí es siempre un sí?»

El martes, los suficientes Republicanos decían «sí» para elevar el tratado a ratificación el miércoles. Pero el Partido Petulante apenas empieza a organizarse. Como McConnell decía al Político esta semana: «Si ahora le parece que van mal las cosas, espere al año que viene».

Dana Milbank

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