domingo, enero 29, 2023
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Sírvase tramitar el gasto electoralista

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Estimado votante del movimiento fiscal: Le han chuleado.

Cuando la buena gente de Dakota del Sur votó el mes pasado a favor de enviar al Congreso a la Republicana Kristi Noem, probablemente creyó que ella no daría cuartel a los lobistas y los grupos de interés que disfrutaban, como ella decía, «colmando de dinero a un congresista».


Pero desde que derrotara a la congresista Demócrata Stephanie Herseth Sandlin (generando polémica en parte con el matrimonio de Sandlin con un lobista), Noem ha contratado un jefe de gabinete nuevo que viene de… ¡un gabinete de grupos de presión! Y la tarde del martes era la invitada de honor de una sesión «Meet & Greet» con los grandes en Washington organizada por la locomotora de los grupos de presión, el bufete Barbour Griffith Rogers. Una vez que estos chicos empiecen a colmar a Noem de dinero, la pasta de los lobistas le saldrá por las orejas.


Probablemente era inevitable que los activistas del movimiento fiscal fueran traicionados, pero la velocidad a la que los Republicanos del Congreso han vuelto a lo de siempre ha sido fulminante.


Los líderes legislativos Republicanos rechazaron al candidato con el respaldo del movimiento fiscal como nuevo secretario del Comité de Asignaciones, instaurando en su lugar a Hal Rogers, de Kentucky, conocido como «el príncipe del gasto electoralista» y que en una ocasión dijo que el gasto de interés político es «el taco que significa hacer que se materialicen las cosas».


Muchos favoritos del movimiento fiscal, mientras tanto, han descubierto el atractivo que reviste el asesoramiento y la liquidez de los lobistas. La Noem de Dakota del Sur es una de los al menos 13 legisladores Republicanos que han contratado a lobistas para dirigir sus gabinetes. Como informaba Dan Eggen en el Washington Post la pasada semana, docenas de legisladores advenedizos ya han celebrado actos de recaudación de fondos para captar millones de dólares entre lobistas y otros grupos de interés solventes.


Y los fastos continúan. El congresista electo Steven Palazzo, R-Miss., por ejemplo, decía a los partidarios en la página web de su campaña: «Pretendo trasladar vuestra voz y darle volumen para los burócratas de Washington, D.C., y los políticos con el fin de garantizar que saben que queremos legislaciones que reflejen el verdadero conservadurismo. Voy a hacer que os sintáis orgullosos».


¿Y cómo, exactamente, hace que su electorado hasta la fecha se sienta orgulloso? La noche del martes tenía programado ser el beneficiario de una cena de recaudación de fondos organizada en el Capitol Hill Club por el Comité Nacional Republicano. El cubierto — 500 dólares para particulares y 1.000 dólares para comités de acción política — debía de pagarse con cheque extendido a nombre de Steven Palazzo for Congress, y enviado por correo no a una dirección de Mississippi, sino una de Alexandria, Va.


Más repercusión tiene el compromiso fiscal de los Republicanos que, como señalaba el colectivo Tea Party Patriots, vulnera nada menos que cinco apartados de la campaña «Compromiso con América» de los Republicanos. Entre las promesas incumplidas contenidas en el compromiso, diseñado para demostrar que los Republicanos iban a ser respetuosos con los principios del movimiento fiscal, hay promesas solemnes de «tomar medidas de efecto inmediato para reducir el gasto público» (página 21) o «impulsar una cuestión legislativa tras otra» (página 33).


Citando estas violaciones, Tea Party Patriots decía que el acuerdo fiscal convierte el compromiso «en un chiste», e iniciaba una petición para luchar por la aprobación de la medida. Jenny Beth Martin, coordinadora nacional del colectivo, decía que «es un insulto a aquellos que les votaron aplazar su promesa de honrar los principios conservadores».


¿Qué pensaban pues los legisladores Republicanos de esta protesta del movimiento fiscal? Bueno, la noche del lunes, el Senado celebraba el crucial trámite del acuerdo sin debate parlamentario. La votación, que esencialmente garantiza la tramitación, registró un resultado de 83 a 15 y sólo cinco Republicanos votaron en contra.


El tirón del movimiento fiscal es más fuerte en la Cámara, pero incluso allí, los poderosos grupos de interés campan a sus anchas. El congresista Spencer Bachus, R-Ala., secretario entrante del Comité de Servicios Financieros de la Cámara, decía la pasada semana que «Washington y los reguladores están para atender a los bancos». Y esos ingenuos activistas fiscales, que creían que Washington debe atender al contribuyente…


¿Pero hay alguien que conserve la fe del votante del movimiento fiscal? Hasta la congresista Michele Bachmann, R-Minn., ojito derecho del movimiento, se tambalea. Primero abandonó su apuesta para hacerse con un cargo de dirección en un comité de la Cámara cuando quedó claro que no iba ganar. A continuación suscitó la duda en torno a los planes Republicanos de prohibir el gasto «por partida presupuestaria» en proyectos electoralistas. La mujer que en tiempos sostenía que «todo este gasto político es malo» decía hace poco al Político que tiene que haber alguna forma de canalizar fondos de infraestructuras a su distrito electoral. «Esto no va de dirimir las diferencias de lo que es una partida presupuestaria extraordinaria y lo que no», decía, «pero tenemos que abordar la cuestión de cómo vamos a financiar los proyectos de transporte en todo el país».


Simple, congresista: como se ha hecho toda la vida. En Washington, el pan de cada día.

Dana Milbank

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