sábado, diciembre 10, 2022

Periodistas

En todo régimen de libertad de expresión, el periodista es, por definición, un ser molesto. Difícilmente se puede ejercer la profesión de informar siendo simpático con todos, amable ante cualquier situación y renunciando a indagar allí donde las cosas no están claras. El Periodismo o es libre e independiente o no es.

Quienes nos iniciamos profesionalmente durante el franquismo sabemos muy bien lo que no es Periodismo, y de ahí que toda una generación de informadores –la de la transición- llevemos en el ADN la rebeldía frente a la censura o cualquier otra forma de manipulación u ocultación de la verdad. Tuvimos una dura escuela.

Por eso, y por puro coraje cívico, reaccionamos indignados ante las informaciones que viene desgranando ‘El País’ sobre los papeles de la Secretaría de Estado de EEUU, y de manera muy particular por las que se refieren al ‘caso Couso’, nuestro compañero inmolado estúpida y criminalmente por soldados americanos en Bagdad. Es de todo punto inconcebible que desde el Gobierno de España se diera cobertura a la operación de la diplomacia estadounidense para echar tierra, más tierra, sobre el cadáver del cameraman de ‘Tele 5’, de suerte que la investigación y persecución del delito por la parte de la Justicia fuese archivada.

Ningún portavoz oficial de nuestro Gobierno ni de nuestra Judicatura se ha atrevido a desmentir las revelaciones de Wikileaks. Y es que los papeles que están publicando cinco grandes periódicos del mundo se podrán considerar oportunos o inoportunos (a nosotros nos parecen un ejercicio del mejor Periodismo), pero nadie ha podido decir que son falsos o que contienen mentiras. Esta es la razón suprema por la que ministros y fiscales esconden la cabeza debajo del ala, de manera vergonzosa, para no incurrir en declaraciones que se podrían volver contra ellos mismos.

Son demasiados los casos a los que estamos asistiendo de persecución de periodistas o de intento de silenciarlos. Los recientes acontecimientos del Sahara, con la expulsión de Ángels Barceló, directora de Hora 25 de la ‘Cadena Ser’: la retirada de la acreditación al corresponsal permanente de ‘ABC’ en Rabat, Luis de Vega; la expulsión también de Ana Romero, de ‘El Mundo’, y el silencio cómplice del Gobierno español ante estos atentados a la libertad de expresión, culminan en una semana en la hemos conocido la colaboración de nuestras autoridades con las de Washington para que no se pueda sentar en el banquillo a los responsables de la alevosa muerte de José Couso en acto de servicio informativo.

Presiones de todo tipo se ciernen sobre los editores de los medios de comunicación. Unas se quedan en el camino y otras llegan descaradamente hasta las redacciones. La pérdida de poder de los periodistas sobre el objeto formal de su profesión: la información, es ya un clamor. Cuestiones bastardas, inconfesables trapicheos mercantiles e intereses que no dan la cara, sofocan la imponente máquina de creación de opinión que es el periódico, la radio o la televisión, renegando así de su sacrosanto deber de informar a la opinión pública.

No hay verdadera democracia sin prensa libre. Repitamos de nuevo nuestro santo y seña, nuestra oración de cada día: la Constitución reconoce y protege el derecho a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. Amén.

Francisco Giménez-Alemán

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