sábado, noviembre 26, 2022

Lo que asusta

Si el presidente Rodríguez Zapatero se va a Libia cuando cae la bolsa se convierte en la diana de las críticas aparentemente razonables: no se da cuenta de lo que está pasando. Si suspende el viaje a Iberoamérica para presidir el Consejo de Ministros en el que se aprobarán algunas medidas económicas anunciadas no se libra de los puyazos igualmente razonables: el desastre es tal que tiene que quedarse. Si cae la bolsa por las dudas sobre el coste de la deuda es por su culpa aunque no parece tener mérito si, al día siguiente, sube porque se especula con que el Banco Central Europeo la adquiera de modo más o menos masivo. Ya se sabe que el Gobierno tiene la culpa de todo. Llueve, cerdo Gobierno, bromean los italianos. Los redactores de una revista humorística francesa salieron también a la calle un duro invierno con carteles en los que se leía: “Frío gélido: ¡abajo Mitterrand!”.

Todo esto está en el guión, sobre todo después de tanto tiempo de negación de la crisis, de desconcierto, pasividad y contradicciones. Pero insistir demasiado en ello, sobre todo en el concreto debate político, puede suponer la trampa de errar el tiro y disimular las responsabilidades. Ni se fue a Libia el presidente porque no se enteraba ni se queda porque nos vaya a presentar el plan de reformas que se le demanda desde fuera y desde dentro. Lo anunciado –en buena medida ya conocido- son algunos pasos en la buena dirección, es decir, alejándonos un poco del precipicio, pero este sigue siendo un peligro. Disiparlo necesita mucho más y no mucho tiempo para concretarlo porque se ha venido hablando de ello durante mucho tiempo. El problema del presidente no es no saberlo, sino desplegar la energía necesaria para ponerlo en práctica, algo que le llevaría, por doloroso, a restar aún más a sus escasas perspectivas electorales y al enfrentamiento con el status quo de los poderes establecidos en muchas administraciones, específicamente las autonómicas.

“Haz lo que te asusta” era la máxima de Norman Mailer. Si eso es lo que se necesita, es lo que se le demanda, en vez de achacarle todo lo que ocurre, incluida la inadecuación de las instituciones europeas a la actual situación, la lluvia y el frío. Y si se le demanda, las propuestas, las concreciones y el análisis serio de las consecuencias a corto plazo deberían estar en el debate político. Pero parece que estamos -también la oposición- a otra cosa.


Germán Yanke

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