jueves, diciembre 8, 2022

¿Solo CIU?

Si es imposible que nadie niegue el gran triunfo de CiU (de CiU y de Artur Mas) en las elecciones catalanas de este fin de semana, parece que son muy pocos (poquísimos) los que dudan de que pueda gobernar en solitario: su mayoría parece suficiente, la oposición está fragmentada, el segundo partido en el Parlamento acaba de darse un batacazo, etc.  Se argumenta, asimismo, que CiU cuenta con una ayuda adicional: su papel de bisagra en la política española le facilitará el apoyo del PSOE –parece que ya se lo ha pedido Rodríguez Zapatero a lo que queda del PSC- y del PP, que no quiere quedar aislado y que consideraría a los nacionalistas catalanes en una pieza fundamental del vuelco electoral que esperan, con motivos sobrados, para 2012.

Sin embargo, tantas maravillas al día siguiente de los comicios puede tener sus complicaciones. La idea de un gobierno fuerte y estable, en la que Mas ha insistido razonablemente durante la campaña, se acompasa mal con una “geometría variable” (en esto pacto con el PSOE, en aquello con el PP, en lo otro con Esquerra) que CiU tanto ha criticado, también razonablemente, a Rodríguez Zapatero. Se podría avanzar así hasta las generales –y desde luego parece estratégicamente válido hasta las elecciones locales- pero no en el momento en que tengan que anunciarse, voluntariamente u obligados por las circunstancias, importantes ajustes para una economía de emergencia, lo que, para Cataluña y para los demás, parece una necesidad ineludible. El PSOE también cuenta, sin ser absoluta, con una cómoda mayoría y se ha podido bandear en una suerte de carrera de slalom hasta que las dolorosas medidas –dolorosas en la economía de los ciudadanos y en sus efectos electorales- han hecho que necesite de pactos al menos temporalmente estables con el PNV y Coalición Canaria.

Una cosa es tener colaboradores asegurados en las circunstancias políticas actuales y otra elegir al conveniente, tanto para las medidas a adoptar como para los efectos políticos de la opción. Una cosa es prometer un hipotético concierto económico durante la campaña y otra, una vez en el Gobierno, administrar unas cuentas famélicas. Como una cosa es emitir bonos patrióticos y otra, que corresponderá a sus sucesores en el poder, tener que pagarlos con intereses elevados. ¿Se puede, en las circunstancias actuales, cambiar de aliados según qué se trate? ¿Se puede, asimismo, elegir un socio preferencial y estable para anunciar sacrificios de aquí a las generales? Si Mas ha demostrado paciencia, constancia y habilidad –ayudado sin duda por sus adversarios-ahora se trata de demostrar su capacidad de gobierno en el peor  momento y de constatar qué adversario convierte en socio para ese duro trance.

Germán Yanke

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