sábado, diciembre 3, 2022

Cita en Moncloa

El próximo sábado, el Presidente del Gobierno recibe a los responsables de treinta grandes empresas españolas porque, según explican fuentes oficiales, quiere conocer sus problemas y escuchar sus opiniones en un momento de especial dificultad y, lo que es peor, de mayor desesperanza.

Este encuentro se produce en una semana en la que la Bolsa ha estado al borde del pánico y en la que la lupa de los mercados vuelve a fijarse en España, una vez que Irlanda, por culpa de su grandiosa banca, ha tenido que aceptar ser rescatada con la consiguiente crisis de Gobierno.

Nuestro Gobierno afirma, todos a una, que nosotros no somos España y ahora Portugal -efecto contagio-, afirma que ellos no son Irlanda ni tampoco España. Que son distintos y mejores. Y así pueden ir pasando los días sin que veamos respuesta a los apremios ajenos. La reforma de las pensiones, que se considera urgente, no verá la luz hasta dentro de cinco o seis meses; la reforma laboral está pendiente de desarrollo y el retraso en la edad de jubilación parece guardado en algún rincón oculto. El Gobierno sostiene que las cosas se están haciendo bien, que no tenemos hoy más riesgos que hace un mes y que no son necesarios ni más recortes, ni más medidas.

Es el Ejecutivo el que maneja datos y números y sólo el Gobierno está legitimado para tomar decisiones, pero este no debe ser insensible a la sensación de incertidumbre que se ha adueñado de todos; ni puede pretender que sus pronósticos sean artículo de fe cuando hasta el momento todos los que ha venido realizando, o no se han cumplido, y si lo han hecho, ha sido de aquella manera. El Gobierno no puede pretender recuperar en seis meses el terreno perdido en dos años. Es discutible que unas elecciones anticipadas fueran una varita mágica, pero lo que si es seguro es que el actual Gobierno no tiene el fuelle suficiente y necesario no ya para dar solución a la crisis, sino para algo tan elemental y necesario como es un punto de esperanza a tanto descreído.

Habrá que estar a la espera de esta cita de Moncloa, pero ni estos grandes empresarios, ni el propio Presidente deberían descartar de su agenda esto que se llama “confianza”. Algo tiene que ocurrir para que nos miren con lupa; algo chirría en nuestro país cuando se han retirado del mismo casi 40.000 millones de euros de depósitos extranjeros. Algo ocurre cuando nos miran a nosotros y no miran, por ejemplo, a Gran Bretaña. ¿Será que caemos mal? El dinero no entiende de simpatías, entiende de certezas y, por lo visto, España hoy es una gran incógnita aunque el déficit se haya reducido de manera considerable.

Charo Zarzalejos

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