domingo, diciembre 4, 2022

El dilema de Zapatero

El país padece una crisis económica e institucional, de una gravedad que sólo disimula la velocidad con que se desarrollan los acontecimientos, y el PSOE, confundido con todo ello, sufre una más que grava crisis política en la que la punta del iceberg es el debate, un tanto artificial, sobre si el presidente Rodríguez Zapatero debe o no o es o no el mejor candidato de su partido para las próximas elecciones generales de 2012. Hay que reconocer que, en esta situación inestable y un tanto caótica, el modo en que el presidente ha elegido para dar una impresión de “normalidad” no está resultando la más adecuada.

No quiere decir si va a  ser o no candidato, o si lo pretende, por no distraer la tarea de la lucha contra la crisis. Pero los suyos añaden que si lo hiciera habría una suerte de incompatibilidad, como si un candidato no pudiera anunciar y llevar a cabo medidas que podrían ser consideradas dolorosas para los votantes, así que todo debe ser medido en función de lo mismo, y precisamente por causa de esta paradójica argumentación. ¿Si se mantiene una reforma de las pensiones significa que ya no quiere Rodríguez Zapatero ser presidente?.

Tampoco quiere cambiar el Gobierno, ni aprovechando la salida del ministro de Trabajo para ser candidato en Cataluña. Se trata, al parecer, de dar imagen de continuidad y trabajo constante, pero este empeño lleva consigo varias consecuencias lamentables para el y su partido. El debate y la rumorología aumenta día a día, voces pretendidamente oficiales dicen que el cambio de Gobierno será en tal mes de este año o en cual del próximo. Además, con esta estrategia se da la sensación, evidente, de que no se ha tomado el pulso a la realidad ni se sabe cómo y cuándo hacerlo.

Un cambio de Gobierno no tiene por qué ser (y no debería ser) un mero maquillaje para hacer lo mismo, sino la constatación de que hace falta un equipo, un equipo de futuro con un líder de futuro, para encabezar un proyecto adecuado para el momento presente y los que le sigan. Si se hace bien facilitaría, además, la conexión con el partido que el presidente, a todas luces, va perdiendo. El único rédito para esta pasividad (ni nuevo Gobierno, ni proyecto convincente, ni cierta seguridad en el mapa de lo que va a recorrerse) es, si se me permite la ironía, reconocer que no se sabe bien qué hacer y se trata de disimularlo diciendo que se trabaja mucho, que se va a seguir igual. Es decir, que va seguir mal.

Germán Yanke

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