viernes, diciembre 2, 2022

Chávez y los etarras

Besance y Atristain, terroristas de ETA detenidos el pasado día 29 de septiembre, reconocieron una vez presos que la banda había utilizado Venezuela como lugar de adiestramiento y entrenamiento armado. Ya antes, como se señaló en autos de la Audiencia Nacional, había, sobre la misma cuestión, testimonios, correos electrónicos y documentación de las FARC. La Justicia española, en base a estas investigaciones, pidió la extradición de Arturo Cubillas, funcionario gubernamental, al que los ahora detenidos identifican como las persona que les recibió cuando fueron allí a aprender a utilizar el armamento.

Hugo Chávez negó a continuación cualquier vinculación de su Gobierno con ETA con el argumento de que los etarras eran unos desalmados a los que no cabía dar credibilidad. Su embajador en España, que más parece un mamporrero que un diplomático, añadió que quizá estas declaraciones no eran “voluntarias”, es más, que bien podrían haber sido obtenidas “irregularmente”. La vicepresidenta del Gobierno asegura, a su vez, que no hay constancia de una relación entre la banda terrorista y el Gobierno de Chávez, el ministro apostilla que no cree que tuviera constancia de estos entrenamientos y que pedirá más cooperación y al embajador, que intenta malamente salir del lío, le responde la responsable en materia internacional del PSOE, diciendo que en España se hacen bien estas cosas. Como en Venezuela, se diría siguiendo este rastro de exculpaciones. Contra quien sí arremete Valenciano es su colega del PP, Jorge Moragas, por pedir una “protesta diplomática enérgica”.

Así que un asunto tan serio puede convertirse en un vodevil. Chávez n puede ignorar, por muy al margen que esté de los entrenamientos de etarras en su país, que, al menos –por ponernos políticamente correctos-, un importante sector de su revolución bolivariana tiene vínculos evidentes con ETA y su entorno. Los ejemplos de cooperación y exaltación son habituales. Tampoco puede desconocer que hay una petición de extradición de Cubillas a la que, además de no dar respuesta, se respondió con insultos al juez Velasco y a la Audiencia Nacional. A poco que se pasee por su propio país debe saber también que, además de los etarras más o menos fuera de servicio que viven en Venezuela, últimamente se está convirtiendo en destino de muchos otros que residían en otros países iberoamericanos. Y son tantas las expropiaciones que ha llevado a cabo que no le puede costar mucho localizar el lugar en el que los terroristas se entrenaban porque es evidente que allí se entrenaban, aunque él clame que no tiene nada que ver con la organización de los cursillos.

Así que, cuando menos, la colaboración que tan educadamente se le pide es muy sencilla. Deténgase a Cubillas dando curso al proceso de extradición. Investíguese donde y cómo se entrenaban los etarras, con quién contactaban y para qué, y tómense (y explíquense a España) las medidas consecuencia de esa investigación. Si sólo se le está pidiendo oficialmente, como parece, que cubra las apariencias, no es, desde luego, mucho pedir. Pero ni eso hace. 

Germán Yanke

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