sábado, noviembre 26, 2022

Organización y primarias

Los partidos políticos, tal y como los conocemos, se fueron forjando durante los años de la transición. Surgieron en vísperas de las elecciones de 1977, antes de que hubiera Constitución y protección jurídica de sus afiliados. Hasta entonces, los reglamentos, sin estar sujetos a control legal más allá del derivado de la ley de asociaciones, se elaboraban y establecían en función exclusiva de los dirigentes que en ese momento fundacional administraban los llamados aparatos.

Los que estuvieron perseguidos durante la dictadura rescataron los modelos de organización que formaban parte de su herencia histórica; los mismos que habían sobrevivido durante la clandestinidad y que se adecuaban, poco a poco, a las nuevas realidades sociales de la también nueva democracia española.

Es el caso del PSOE y del PCE, tuvieron que adaptar los mecanismos de funcionamiento que no sólo tenían que ver con la implementación de los recursos de la legalidad, sino también con la superación de ciertos principios revolucionarios inviables técnicamente en la reorganización política democrática.

Los tics de seguridad derivados de la represión y los modelos verticales de toma de decisión, se vieron rápidamente afectados por los cambios que inexorablemente demandaba una nueva afiliación que, sintiéndose parte de los proyectos, ya no eran militantes cuyas vidas se entregaban a la causa. Era la normalidad en marcha.

Pero no todo se resolvió de forma definitiva. Aún permanece el debate de cuales el papel de los diputados dentro de su grupo parlamentario y a quién pertenece el acta cuando se producen disensiones. El tribunal Constitucional ya ha fallado sobre esto último, pero la respuesta no ha satisfecho todas las expectativas. Igual ocurre con las listas abiertas  y con la posibilidad de conocer e identificar a quienes queremos por delante de entre aquellos que nos proponen

Las elecciones primarias internas despejaron la posibilidad de que los afiliados encontraran un sentido a su militancia. Se abrió la puerta a una implicación activa, con grupos de apoyo y modelos electorales internos que aportaron dinamismo en el interior y expectación democrática de puertas para fuera. Fueron un revulsivo que activó al PSOE como una organización capaz de hacer lo que sus bases demandaban sin oligarquías atrabiliarias.

Y como no podía ser de otra forma, el PSM fue un actor original en su uso y, también, en su perversión. Los llamados renovadores de la base traficaron con el voto mancomunado ofreciéndose a Leguina y a Morán cuando estos pugnaban por la candidatura a la alcaldía de Madrid, con el fin de asegurar buena presencia en las listas, y por eso bailaron su voto a última hora dejando compuesto y sin novia a Leguina y arropado y con cargo a Morán. Era la primera señal del Tamayazo.

Borrell y Moran se disputaron el puesto en votaciones primarias, pero el resultado fue inverso a lo previsto: la victoria de Borrell abrió un debate sobre la cohabitación en el poder del PSOE que una oportuna campaña de difamación contra Borrell y las resistencias niumantinas resolvieron a favor del derrotado aparato.

Zapatero se alzó ante otros tres candidatos en un Congreso, y tras derrotar a sus adversarios ganó a Rajoy en las primeras elecciones a las que acudía como candidato.

Las primarias son ya un hecho legal en los estatutos del PSOE y por eso no se pueden entender como problema sino como normalidad y como revulsivo. Un debate de primarias serio y riguroso, amparado por la neutralidad de los órganos directivos, y eficaz en la construcción de propuestas que debatir, es el motor que la política como actividad noble y participativa reclama. Sobre todo frente al rancio modelo del PP, que aún carece de mecanismos que cuenten con la afiliación y no sólo con los intereses, tan complejos y preocupantes, que los aparatos territoriales y el central tienen bien asentados.

De las virtudes de éste proceso bien puede dar cuenta Tomás Gómez a quién se le reprochaba, no sin razón, un desconocimiento público considerable merced a un  bloqueo informativo fruto, seguramente, de sus circunstancias. Pues bien, ahora es una de las personas estrella de este verano y no sólo con la notoriedad abstracta de un conocimiento indefinido: es, con toda seguridad, conocido por ser un dirigente político que se revuelve contra lo que para él es una arbitrariedad de los que mandan.

Una tarjeta de visita de las que levantan entusiasmos en esta sociedad que vive las vísperas de una huelga general. Va a ser un proceso apasionante, sin duda. Y eso que aún no ha entrado en liza la adversaria contra la que habrá de “pelear”.

Lo seguiremos con atención.

Rafael García Rico

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