martes, diciembre 6, 2022

¿Se está agitando China?

No hace mucho estuve hablando con un periodista italiano sobre China y estábamos de acuerdo en casi todo. La «fábrica del mundo» ha logrado ese impresionante nivel de crecimiento por varias razones, entre ellas estas dos: copiar sin permiso patentes occidentales; y explotar a los trabajadores con horarios que serían inconcebibles en Occidente.

Podemos añadir los precios, claro, pero ése es el atractivo de los países en vías de desarrollo: precios bajos, productos de mediana o baja calidad.

La historia no es nueva. En los años treinta, Japón copió las máquinas fotográficas alemanas y empezó a desarrollar su propia industria de cámaras. En esos años, Japón arruinó las fábricas de bombillas británicas porque los japoneses las producían más baratas. Copiaron las patentes británicas de televisores, e imitaron las motocicletas occidentales, hasta el punto de que salvo BMW, Harley Davidson o Piaggio, la industria de motocicletas en Occidente cedió ante el empuje nipón. Los productos japoneses tenían fama de malos y baratos; luego fueron buenos y caros, como sucede hoy. Vender en Japón era tan difícil como vender hoy en China, pues los zaibatzus eran conglomerados de industrias y comercios que impedían la entrada de productos occidentales en Japón.

China ha hecho lo mismo, sólo que sus estándares son aún peores: no existe defensa sindical, no hay un Estatuto de los Trabajadores y las condiciones de un empleado chino son realmente muy bajas. Por eso las huelgas de trabajadores iniciadas en varias industrias chinas han sorprendido al mundo.

Todo ha empezado con Foxcon, la empresa que fabrica productos para Apple. Es una empresa taiwanesa asentada en China y, en los últimos meses, las duras condiciones laborales indujeron a varios trabajadores a suicidarse. La empresa, ante la mala imagen que estaba dando al mundo, y supongo que ante las presiones de Apple, decidió subir un 67% el salario a los trabajadores. Como la primera información que se transmite en una empresa es el salario de sus empleados, esta subida corrió como la pólvora por otras industrias y los trabajadores de algunas de ellas se han puesto en pie de guerra pidiendo incrementos similares.

Era de esperar. Es el comportamiento lógico de los países que se industrializan pero no modernizan sus sistemas laborales.

Europa ya hizo su rebelión laboral hace muchos años. Empezó en 1848, con levantamientos obreros en Francia que demandaban mejores condiciones laborales. La rebelión se extendió a otras partes del continente pero no triunfó en realidad hasta finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando se desarrolló la seguridad social, el seguro de desempleo y muchos beneficios sociales.

Desde mi punto de vista, Occidente está siendo muy generoso con China. Un régimen que ejecuta 10.000 personas al año, que permite que se roben patentes, que exporta productos basados en la explotación laboral, donde no hay libertad de expresión (Google abandonó el país por eso), que permite el tráfico de órganos humanos, y que mantiene un tipo de cambio artificial de su moneda nacional, es un régimen que no está jugando limpio. Pero nadie levanta la voz porque los importadores están encantados de comprar productos de “todo a cien”, y porque otros empresarios sueñan con vender sus productos a 1.300 millones de chinos, incluidos Volkswagen, Alsa o Airbus.

Me parece bien que los chinos mejoren su nivel de vida. Pero Occidente debería poner condiciones a este país que está haciendo una transición pacífica del comunismo a una economía de mercado (lo de Rusia fue un desastre). Porque muchas empresas europeas se han quedado en la ruina al no poder competir con la agresividad china, una agresividad basada en valores que hoy nadie aceptaría en Occidente.

Carlos Salas

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