sábado, noviembre 26, 2022

Gobierno y oposición

Es ya un lugar común, se lee en los periódicos y se escucha en las tertulias (en las de los medios de comunicación y en las de las barras de los bares: el Gobierno ha decepcionado y la oposición no convence, el primero ha tirado por la borda la confianza y la segunda no la genera. En medio, las valoraciones de los líderes, el mantra de los acuerdos y las acusaciones mutuas: usted se equivoca, usted no propone nada.

Sin embargo, los problemas estratégicos de los partidos son distintos. El Gobierno no tiene programa contra la crisis. No lo tenía porque no había crisis y no había crisis porque, de haberla, se desmontaba todo el entramado político del presidente Rodríguez Zapatero. Cuando ya había crisis, no era como realmente era y, por eso, seguía sin haber programa contra la crisis, sino algunos parches quizá bienintencionados, sin duda insuficientes. De pronto, la crisis se hace infinita y se improvisan, bajo la presión de los socios de la Unión, una serie de medidas que contradicen el programa gubernamental y que se plantean de forma dramática, contradictoria, a base de rectificaciones y de explicaciones retóricas. Todos coinciden en que siguen siendo insuficientes y algunos señalan, además, que muchas de ellas son contraproducentes. La sensación de agotamiento, por no tener las ideas claras ni el coraje preciso, se agranda cada día.

El PP puede esgrimir que ha apoyado las medidas del Gobierno para el sistema financiero, que propuso que se reformaran las cajas de ahorro cuando la vicepresidenta Salgado no lo creía conveniente, que insistió en el recorte del gasto cuando el presidente decía que no era necesario, que sigue proponiendo reformas acerca de la burbuja financiera y de los balances de bancos y cajas, que ha hecho propuestas sobre el adelgazamiento de la Administración, etc., etc. Se remiten a sus documentos y a sus intervenciones parlamentarias. Ayer mismo se empeñaban en dar a conocer una propuesta de reducción del gasto y de análisis pormenorizado de los Presupuestos alternativa a la del Gobierno y sin tocar los impuestos y las pensiones.

El problema del PP no es de programa, sino de discurso, del modo en que se explica el programa a los ciudadanos, de la manera en que se debate con los adversarios políticos. Tendrá que revisar su estrategia, independientemente de que mejore y amplíe su programa. Un “no” -que a menudo se dice con una contundencia de opositor más que con el convencimiento de un líder- cala más que un programa, pero sólo vale para un día, para poner de manifiesto que el adversario no lo hace bien, pero no para generar confianza en uno mismo. Una algarabía como la del martes en el Senado causa mucho ruido pero menos efecto que una adecuada expresión del programa alternativo. Ayer, en la sesión de control en el Congreso, el presidente, sin decir nada y sin explicar ni la nada, le responde a Rajoy que no cambia de opinión -que era lo que el líder de la oposición reprochaba a Rodríguez Zapatero- porque no tiene. Es falso, pero causa efecto. Un buen discurso haría que una salida de ese tipo se volviera, como los números, contra el presidente.

Germán Yanke

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