miércoles, diciembre 7, 2022

El momento llegó

Habían transcurrido los primeros meses de la segunda legislatura. Significados diputados socialistas exponían en privado el dilema de Zapatero entre seguir asociado a los sindicatos o hacerlo con una formación centrada como CiU. Aún abducidos por la magia del líder, por su fe en su propia suerte, mostraban ya signos de inquietud por el empecinamiento en su firme estrategia ideológica, aunque su fuerza talismán acababa de volverse a revelar. Pero llovían datos negativos y presagiaban que la oposición no les iba a dar ni agua: “El PP nos dejará cocer en nuestra propia salsa”, decían.

No en vano la legislatura pasada había sido irreconciliable, entre los enfrentamientos por la negociación con ETA y los cordones sanitarios contra el PP. Era el partido del “no”, contrario a las medidas sociales, al apoyo a los necesitados, según el discurso oficial. El gran valor del consenso no figuraba entonces en ninguna agenda, pero comenzaban los suspiros. Aún estaba en su mesa el vicepresidente Solbes, con su aureola de sensatez. Creían que Solbes seguía guardando, como solía, “alguna partidita ahorrada” en su cajón. Pero ya no.

Los enfrentamientos borraban los argumentos. Y la reafirmación del “ser” de izquierdas producía nuevas alegrías, como si fueran a ahuyentarse los malos augurios, y así se difundían nuevas proclamas en los mítines contra quienes encarnaban el egoísmo, el mal social. Solbes se fue. La magia del líder no llegaba a los mercados pero seguía el empecinamiento. Varias veces se negó la reforma de las pensiones, la congelación salarial de los funcionarios y pensionistas y se demoró la reforma laboral. El Gobierno se envanecía de su apuesta social.

Las propuestas bullían en pequeños corrillos. Ex ministros de Felipe González apuntaban sus objeciones. El Gobierno no tenía que escudarse en pretender ahora un consenso con el PP ni esperar a lo que opinaran los sindicatos, decían. Tenía que gobernar, ésa era su responsabilidad, a riesgo de perder el poder. La situación no podía esperar. Relevantes socialistas se expresaban así hace tres meses, y ya anunciaban la oportunidad de rebajar varios puntos la retribución de los funcionarios, el ajuste de las pensiones y la oportunidad de transmitir a los contribuyentes la justicia de que sólo podremos obtener en función de lo que hemos aportado a la sociedad. Que no había para más. Fue antes de que llamara Obama y de que Bruselas y el FMI pusieran sus condiciones. Era un febrero lluvioso que anunciaba retraso en la llegada de la primavera. Y el momento llegó.

Chelo Aparicio

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