martes, diciembre 6, 2022

Elogio de la Transición

Juan Luis Ibarra, presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV), quiso ser apadrinado en la toma de posesión de su cargo ante el poder político, legislativo, judicial y una amplia representación de la sociedad vasca por “dos jueces justos”: su antecesor en la presidencia de la Sala de lo Contencioso Administrativo del TSJPV, el veterano magistrado Enrique Torres, y por Fernando Ruiz Piñeiro, predecesor en la presidencia del Alto Tribunal, cuya candidatura a la renovación de su cargo fue duramente cuestionada por el nacionalismo.

El hecho en sí mismo, y la defensa explícita del significado de la elección en su discurso, pretendía descartar las ambigüedades. Ibarra y Piñeiro, procedentes de distintos mundos del asociacionismo judicial, demostraron que la lección de lealtad recíproca es posible, y que no siempre aciertan quienes defienden el éxito de pensar mal. El escenario recreó una aureola de reencuentro institucional, tras las ásperas discrepancias entre la política y la justicia de la pasada legislatura vasca.

El nuevo presidente del TSJPV, de reconocido compromiso democrático y con la legalidad vigente, en un lugar donde los jueces vascos han sufrido la presión del terrorismo, expuso como metas para su nueva etapa la prudencia y la tolerancia, virtudes que, aseguró, están encarnadas en los padrinos del acto . Lamentó “no haber aprendido más” de sus mayores, magistrados a los que citó uno a uno, quienes hicieron posible, con esa “prudencia” –resaltó- la Transición.

No fue un mensaje banal. En pleno debate sobre la politización de la Justicia, Ibarra explicó que la opinión pública no siempre consigue diferenciar entre las razones de justicia y las posiciones propias de esa discusión pública, quizá, señaló, porque late la dimensión política presente u obligada en la labor jurisdiccional. Para ello acudió a la doctrina italiana para ensalzar el sentido de la “politicidad” frente al peyorativo “politización”.

Quiso reconocer a los “otros”, comenzando por sus mayores, pero no renunció a defender las bondades de su propia trayectoria: la generación de jueces que le dio cobijo, dentro de la llamada izquierda judicial, al acceder por el cuarto turno a la magistratura, y que aún cuando se mostró renuente al ejercicio de la prudencia fue valiosa en la conquista de la independencia judicial: el Poder Judicial, frente al vago concepto de la Administración de Justicia. Poder Judicial e independencia que abunda en la separación de poderes, de la democracia.

Suaves palabras que contenían acento prosódico, en un contexto de dudas. El presidente del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Dívar, habló de los tiempos convulsos, sin victimismos. Reconoció los errores judiciales, siempre subsanables por los mecanismos de corrección, subrayó, y citó a Campoamor para defender el silencio, un “silencio sonoro” cuando arrecian las críticas y sentenciar que es un fracaso adelantar la hora de los éxitos. Hay que dejar pasar el tiempo (no el retraso) -dijo-, la paciencia y la calma.

Chelo Aparicio

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