sábado, diciembre 3, 2022

Lección de humildad

Ahora le toca al PP. La trama corrupta de Gürtel, que sobornó durante años a varios cargos del PP, revela el secreto a voces de la democracia española, y es el de una asentada tolerancia con la corrupción. Al margen de los que finalmente resulten procesados -y, finalmente, condenados-, la larga lista de imputados en el sumario certifica unas prácticas cuando menos «impresentables», como decía Rajoy.

La relación de dádivas, dineros en Suiza, y sobornos en metálico obliga al PP a un examen de conciencia. Fue el látigo contra la corrupción de los últimos gobiernos socialistas, con sus afiladas embestidas ante los sucesivos escándalos, Filesa (financiación ilegal) y los GAL.

Y ahora es el PSOE, pese a que acumula más de doscientos cargos imputados por corrupción, según la Fiscalía -otros tantos que el PP- quien profiere sentencias concluyentes para dejar en evidencia al Partido Popular. Gaspar Zarrías, que ha conocido la política socialista andaluza desde la cuna, aseguraba que el PP está corrupto «hasta el tuétano» y que el Gürtel es el escándalo de corrupción política más tremendo de la democracia española. Palabras similares las de Leire Pajín. En esta manifestación, Santiago Carrillo advierte de que el PP es «un peligro» para la democracia española. Lecciones vendo.

El pacto contra la corrupción entre socialistas y populares es una noticia saludable, entre tanto fango. Es la hora de las decisiones pero se impone la humildad. Resulta también patético que otros se froten las manos. Porque, por desgracia, hay para todos. La cosa es transversal, y resuenan las grandilocuencias pasadas. Como la de Arzalluz: «Tenemos que taparnos las narices», decía en 1995, para mantener la coalición de Gobierno con el PSE. Hoy también le toca a su partido en Alava.

Y es que la cosa comenzó dejando sin efecto la intervención pública en los contratos urbanísticos, a escala municipal, para sustituirla por un remedo de fiscalización. Y así nos va: Amiguismo, tráfico de influencias, y en algunos casos, corrupción.

Pero pasamos de la desafección a los políticos, con esa añeja afirmación tabernaria española de «son todos iguales» a revalidar en las urnas las conductas dudosas. Pero la distinta vara de medir los mismos hechos afecta no sólo a los políticos, sino a los ciudadanos afines a una u otra tendencia, y a los medios de comunicación. Ahora le toca al PP.

Chelo Aparicio

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