jueves, diciembre 1, 2022

Semana automovilística

Estas fechas son muy propicias para utilizar el automóvil. En especial cuando los domingos te retransmiten una carrera de Fórmula Uno en las cuales cada vez más actúan pilotos españoles. Servidor, que es muy patriota, este año las sigue atentamente. Aunque creo que me están afectando algo.

Así que, después de ver la carrera y una vez hecha una visualización virtual por internet del circuito que iba a realizar, bajé a boxes y analicé la carga aerodinámica de mi utilitario. También comprobé si el tanque de gasolina me permitiría realizar el citado circuito sin tener que realizar una o dos paradas para repostar: estrategia pura.

Salí de boxes, pero tuve que regresar ya que las predicciones meteorológicas habían anunciado un tiempo soleado por lo cual había instalado neumáticos de seco, pero una sorprendente lluvia me aconsejó cambiar las gomas y utilizar las adecuadas para suelo mojado.

Una vez realizado este penoso proceso, pasé a realizar un equilibrado de pesos y un calentamiento de los neumáticos para que no se degradaran; esto lo hice mediante volantazos a derecha e izquierda hasta llegar al semáforo de salida. Allí me coloqué en mi posición, que concretamente era en el lado sucio de la pista, justo detrás del camión de las basuras: lógico.

En el momento que el semáforo se puso en verde, rápidamente me di cuenta que mi rival tenía problemas de tracción, así que con una hábil maniobra le adelanté por lado limpio de la pista, pese a que un ligero derrapaje me hizo perder algo de adherencia.

No importaba. En seguida divisé un Smart que el muy cabrito me cerraba las curvas. Así que seguí su estela, apreté los dientes y aprovechando su aspiración le enseñé el morro de mi coche, así finalmente le adelanté en curva apurando la frenada al límite.

A estas alturas la telemetría bien, gracias. Las instrucciones de Radio Kiss, muy oportunas.

Así pude adelantar posiciones mediante velocidad punta hasta llegar a la chicane que todo el mundo traza al llegar a los peajes para encontrar una taquilla vacía. Pagué en 6 segundos y 7 décimas y seguí hasta encontrarme un atasco terrible que se me antojó que eran miles de safety cars.

Todo ello me aconsejó volver a boxes, agitar una botella de cava y duchar con ella a mi perra, la cual está ya acostumbrada y convencida de que convive con un campeón.

Paco Fochs

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