miércoles, noviembre 30, 2022

Zarandajas

Hace una semana leí en la prensa (?) que se estaba pensando en incluir una asignatura de Economía en la Enseñanza Secundaria Obligatoria. Como no funciona el edificio educativo -¡se derrumba!-, se busca un detalle terciario para evitar «que los bancos abusen de los ciudadanos», como ha afirmado algún miembro del Ministerio de Educación. Aparte de que alguna vez deberían replantearse que el Derecho, en un Estado de Ídem, es mucho más importante que la Economía, de nuevo nuestra clase política prefiere perderse en los detalles, en lo accesorio, que analizar y afrontar lo esencial, lo primordial.

Ahí tenemos, por ejemplo, la cuestión del mal llamado género -las personas tenemos sexo, independientemente de si lo practiquemos o no- que acapara personas e instituciones cuando hay asuntos más urgentes que atender. Por ejemplo, en los últimos tiempos el Consejo del Estado anda ocupado, antes de analizar los aspectos jurídicos de cada ley, en evaluar que cada norma no atente contra ningún aspecto de la igualdad de sexos, sobre todo en el terreno lingüístico; es decir, tiene que mirar más a lo de «ellos y ellas» que a lo puramente legal. Del mismo modo, los rectorados de las universidades han mandado notificaciones a los distintos profesores y catedráticos para que incluyan elementos sobre el tema independientemente de la asignatura que se trate. Tanto el profesor de Física Cuántica como el de Derecho Romano tienen la obligación de impartir contenidos sobre la igualdad de sexos.

Y estamos hablando de un terreno donde sistemáticamente se ignora la letra y el espíritu de la ley en cuanto se pone por delante la condición de hombre o mujer sobre la del cargo que se ocupa. Por ejemplo, las listas paritarias se oponen frontalmente al artículo 14 de la Constitución Española. Esta tiranía de la imbecilidad sexista ha llegado a crear, por unanimidad, una ley que castiga más al varón por el mero hecho de serlo. Eso es barbarie jurídica, constitucional, absoluta.

Tantas son las zarandajas que ocupan el centro del debate público que nuestros políticos ya no saben distinguir cuándo se enfrentan a un problema real, serio, fundamental. Por ejemplo, estamos sumidos en una crisis total: a la ya secular de valores se unió, después de que el Gobierno lo negara reiteradas veces, la económica que, aparte de castigar directamente a millones de ciudadanos, mostró las enormes carencias de nuestra estructura socioeconómica. Pero, como no se sabe nada, para «solucionarla» sólo se han usado algunos parches insulsos que han paliado algunos síntomas, nunca se han acercado mínimamente a la cura, por lo menos al tratamiento de una enfermedad crónica.

Hasta tal punto llega la necedad de nuestros políticos -en este caso concreto del Gobierno- que ahora, en franco declive, con el consumo bajo mínimos, se ha decidido subir dos puntos el IVA. Cuando llegue julio pronostico que el aumento de este impuesto indirecto será la puntilla a nuestras aspiraciones para convertirnos en un país del G-20. Pues bien, este asunto se acaba de tratar en el Congreso -cuando debería haberse debatido seriamente durante las sesiones de la Ley de Presupuestos- con una proposición no de ley del Partido Popular. Como si fuera un manifiesto para informar sobre alguna cuestión baladí de índole nacional o internacional.

Lo curioso del tema es que el PP ha perdido porque el PSOE -o el Gobierno, que vienen a ser lo mismo en esta partitarquía despótica- ha conseguido el apoyo del Partido Nacionalista Vasco y Coalición Canaria. Se han puesto los intereses autonómicos y partidistas por encima de los nacionales. Pero no pasa nada, porque para casi todos era tan sólo una nimiedad más de las muchas que pasan por el Parlamento nacional.

De nuevo, un debate cualquiera vuelve a mostrarnos nuestras miserias. En España, en las altas esferas, sólo se habla de zarandajas. Hasta tal punto que ya nadie distingue entre lo nimio y lo importante. Cuando, a partir de julio, caigan aun más los niveles de consumo, los ciudadanos pagaremos el pato con una enorme pérdida del poder adquisitivo -dos puntos absolutos en el IVA, más de un 11% en lo relativo-. Los políticos, entonces, dirán que no se suben más el sueldo y, para engañarnos y engañarse, discutirán cuatro gilipolleces que no servirán para nada. Supongo que algún día la sociedad dejará de mirar las musarañas y se pondrá a, cuando menos, protestar por los constantes atropellos que no sólo se cometen contra nuestra ciudadanía sino también contra nuestra misma existencia, que debería, en democracia, ser más tranquila y estar en manos de gente que, al menos, sepa distinguir el pie izquierdo del derecho.

Daniel Martín

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