domingo, diciembre 4, 2022

Necesitamos a Carlos Ocaña

El pasado 17 de febrero, en el Congreso de los Diputados, el presidente del Gobierno afirmó que, a medio plazo, los gastos de personal de la Administración deben reducirse un 4%. Citó, para conseguirlo, la contención salarial y la reducción de empleados públicos que ya este mismo año se concretaría en la limitación de la tasa de reposición a un 10%. Como es evidente, se concrete como se concrete ese «medio plazo», que la limitación de la reposición en las ofertas de empleo público no va a lograr el ahorro deseado, la cuestión fundamental está en lo que se entienda como contención salarial. En un sector, además, abultado en exceso para el normal funcionamiento de una Administración moderna y que goza de unos privilegios con muy mala imagen en un momento de gravísima crisis económica.

El secretario de Estado de Hacienda sugirió después una congelación salarial de los funcionarios, una propuesta que, aunque chocase con los acuerdos suscritos por el Gobierno y los sindicatos el pasado mes de septiembre (subida del 0,3% en el 2010), encaja perfectamente con los objetivos de recorte si éstos no son, como ocurre en otros asuntos, meras declaraciones retóricas para salir del paso y tranquilizar, con pasmosas dosis de incoherencia, a unos y otros, a los que piensan y defienden una cosa y a quienes defienden y piensan la contraria. Y resulta que, ahora, para no enfrentarse a los problemas reales y para mantener cada vez más patéticamente las diferencias internas en el Gobierno, se quiere convertir a Carlos Ocaña, el citado secretario de Estado, en responsable de una supuesta confusión y del nerviosismo de los sindicatos, a los que parece que hay que cuidar más que a las cifras que revelan la situación y el futuro de los ciudadanos.

Si tienen sólo un poco de razón las empresas y las personalidades que han iniciado esa campaña que asegura que «esto sólo lo arreglamos entre todos», es evidente que necesitamos a Ocaña y a quienes, en el pavoroso panorama del Gobierno, ponen de vez en cuando, y basado en sus conocimientos y experiencia, un poco de sentido común. Es más, seguramente necesitamos la colaboración de otros para que, sencillamente, se callen. Porque si a estas alturas, y después de lo que ha venido ocurriendo, las vicepresidentas primera y segunda siguen diciendo que están en todo de acuerdo y se llevan muy bien, es evidente que la razón está del lado de… Solbes y los suyos.

Germán Yanke

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