sábado, diciembre 3, 2022

El verdadero Díaz Ferrán

El presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, estuvo convincente, incluso en algunos momentos brillante, en su comparecencia en uno de esos desayunos-coloquio del Foro de Nueva Economía que José Luis Rodríguez organiza con extraordinario éxito, acorde con su magnífica organización, en el madrileño hotel Ritz, a tal punto que han llegado a convertirse en el centro más vivo del ambiente político y económico de la capital de España, y que ahora se multiplican merecidamente, y con similar éxito, por casi todas las capitales autonómicas del Estado. No lo tenía fácil Díaz Ferrán con los activistas radicales lanzados al grito, la pancarta y el insulto personal a la puerta misma del hotel, y otro menos convencido de la realidad y pulcritud de sus esfuerzos hubiera eludido la comparecencia. No lo hizo Díaz Ferrán, sino que dio la cara, habló con claridad, y esto le honra.

El gallego Gerardo Díaz Ferrán, gran creador de empresas en sectores tan importantes como el turismo y el transporte aéreo, llegó a la presidencia de la CEOE desde una trayectoria empresarial activa y brillante, castigado luego por la terrible crisis negada en España por Rodríguez Zapatero y desde luego por la arbitraria voracidad, con perfiles mafiosos, de los Kirchner en Argentina, que se lo pusieron peor que difícil en temas como Aerolíneas, con ecos llegados hasta Air Comet.

Como buen empresario, Gerardo Díaz Ferrán es hombre de inequívoco discurso liberal, coherente con su razonada fe en las virtudes del mercado y de la libre empresa, tantas veces maltratada por el desmedido intervencionismo no tanto de los Estados como de los depredadores alzados al poder de algunos Estados. Gerardo Díaz Ferrán goza naturalmente de predicamento entre los suyos, es decir, entre el sufrido y maltratado empresariado de nuestro país, pero su voz se escucha también con atención en los círculos políticos y sindicales, porque, como buen liberal, cree firmemente en las virtudes y utilidades del diálogo con todos los actores de la vida económica. Personalmente le he oído expresar su deseo de sindicatos fuertes y la alta valoración que les concede.

Cuando sucedió en la presidencia de la CEOE a alguien tan emblemático, y de perfil tan diferente al suyo, como José María Cuevas, Gerardo Díaz Ferrán no escatimó elogios hacia su predecesor y proclamó como «un gran honor y una enorme responsabilidad suceder a quien ha presidido tan acertadamente esta Confederación y ha luchado tanto por el asociacionismo empresarial durante todos estos años. En su momento dije que todos los empresarios tenemos una deuda de gratitud con José María Cuevas, porque sin su esfuerzo y dedicación la CEOE no podría prestar sus servicios al progreso de la economía. No voy a escatimar tiempo ni trabajo para poder estar a la altura de mi predecesor en la defensa de los intereses empresariales de este país».

Definió por entonces Díaz Ferrán, en entrevista que le hice para la revista Aegama de los empresarios gallegos en Madrid, sus objetivos prioritarios con mucha transparencia: «Ante todo, la representación y defensa de los intereses del empresariado español para que nuestra actividad sea valorada como el motor económico de nuestro país. Y para conseguirlo, aplicaré unos criterios basados en la unidad, la independencia frente a cualquier tipo de poder y en el trabajo en equipo. El Plan Estratégico será un verdadero cuaderno de ruta que va a definir nuestra actuación para los próximos años y en el que proponemos iniciativas para superar con éxito los desafíos de un mercado global y competitivo, sin olvidar nuestra apuesta por el diálogo social».

Profeta en su tierra, como lo probaba el haber recibido, de los empresarios gallegos, el primer Premio Victoriano Reinoso a la mejor trayectoria empresarial, puede afirmarse que Galicia y Madrid son amores compartidos de Gerardo Díaz Ferrán. Me dijo entonces, en la entrevista antes aludida, que «Galicia y la Comunidad de Madrid cuentan con unas economías pujantes y con un excelente empresariado preparado para hacer frente a todos los desafíos que se presenten en el futuro, con suficiente capacidad de innovación, esfuerzo y diálogo para mejorar ambas economías. Son dos economías con una profunda vocación exportadora, que cuentan con una situación estratégica (la una, dentro de la Euro-región Galicia-Norte de Portugal y del espació atlántico, y la otra, en el centro del territorio nacional), con sectores tan relevantes que abarcan toda la actividad empresarial y cuya contribución al crecimiento económico español es fundamental».

Recuerdo que le pregunté por la gran cuestión del momento, que era la crisis financiera derivada de la crisis inmobiliaria y de los créditos de baja calidad y por su postura entre el optimismo antropológico del Gobierno de Rodríguez Zapatero y el pesimismo de quienes temían una crisis profunda y larga como finalmente ha sucedido. Su respuesta intentó ser como él mismo, es decir, equilibrada y buscando incluso muy difíciles o voluntaristas percepciones de optimismo: «La economía española -me dijo entonces- está entrando en una fase de desaceleración, que, como ya hemos señalado desde CEOE, no va a permitir alcanzar el crecimiento del 3,3% en el 2008 previsto por el Gobierno. Sin embargo, conviene recordar que la estabilidad de precios y de costes es uno de los pilares básicos para lograr un buen crecimiento económico, y ahí es donde hay que incidir; sobre todo en esta incipiente fase de desaceleración, puesto que esa estabilidad constituye la variable clave para mantener el empleo y el crecimiento. Y también la política fiscal debe contribuir a moderar las presiones de demanda sobre los precios».

Éste es el verdadero Gerardo Díaz Ferrán, y no el acosado violentamente ayer a las puertas del madrileño hotel Ritz. Es un empresario de raza, voluntarioso creador de empleo, buscando siempre, como es lo propio, esa optimización de los resultados que permite armonizar el beneficio empresarial y la seguridad de los puestos de trabajo. Un empresario también cogido en el ojo del huracán del régimen mafioso de Argentina y en un momento en el que, con excepciones muy meritorias, como Miguel Sebastián y algunos más, predomina en la Moncloa el recelo hacia al empresariado, más injusto cuando es un hecho demostrable que el empresariado español no está, como colectivo, vinculado a ninguna orientación o partido político concreto. Es también un dirigente empresarial con entornos próximos tan manifiestamente mejorables como el presidente de Cepyme, Bárcenas, quien, cierto que sin posibilidades, es el vivo trasunto de aquel «visir que quería ser califa en el lugar del Califa» de un famoso y popular cómic. Es verdad que no tiene posibilidad alguna de conseguirlo, pero causa mucho daño a la imagen de la CEOE con sus enredos. Así las cosas, parece inevitable que la CEOE nos va a suministrar mucho material informativo en los próximos días y en las próximas semanas, pero en ese material será muy importante separar el grano de la paja.

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Carlos E. Rodríguez ([email protected]) es periodista económico y vocal de la Junta Directiva de la Asociación de Empresarios Gallegos en Madrid.

Carlos E. Rodríguez

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