lunes, diciembre 5, 2022

El turismo empieza a preocupar

Las estadísticas han confirmado el pronóstico: 2009 ha sido mal año para el turismo español. El número de visitantes ha retrocedido a niveles de 2003, lejos del récord de 2007 -seis millones más- y la temporada se ha medio salvado gracias al mercado doméstico, lógicamente más sensible y con mayor capacidad de respuesta a la estrategia de descuentos extendida en el sector. Los datos, en cualquier caso, han suscitado preocupación, aunque no sean del todo fáciles de interpretar.

La duda esencial es relevante: los extranjeros, ¿no vienen porque no pueden ó es porque no quieren y eligen viajar a otros destinos? Probablemente, se dan los dos supuestos: no está claro en qué proporción.

Es indudable que cuando la crisis económica aprieta el ocio, los viajes y las vacaciones están entre las primeras cosas que cualquiera tiende a suprimir, o al menos recortar. Y no es ningún secreto la difícil coyuntura que el año pasado han atravesado economías como Alemania, Reino Unido o Francia, de donde procede la mayor parte de los flujos turísticos hacia España. Pero, ¿es todo? Probablemente, no.

Buena parte del magma turístico ha reaccionado al retroceso de la demanda, bajando precios y mejorando prestaciones; es decir, dando más a cambio de menos. Ha sido muy claro en el ámbito hotelero, pero no tanto en otros, con bares y restaurantes en primer lugar. La respuesta, no obstante, ha distado de ser suficiente para mantener los niveles de actividad y ocupación. Pero tampoco se puede pasar por alto que no todo está en manos del propio sector.

Hace tiempo que en torno al turismo se debate hasta qué punto o en qué medida se han transformado los hábitos y preferencias, y en qué medida la oferta española ha respondido a esos cambios. La evidencia de una demanda muy segmentada y una oferta más variopinta de lo que suele argumentarse hacen difícil cualquier conclusión.

No es ningún secreto que la promoción turística está fragmentada desde bastante antes de que el Estado de las Autonomías se empezase a consolidar. La incursión de los destinos españoles en los mercados internacionales ha sido más micro que macro desde tiempo inmemorial. Y a lo mejor no queda otro remedio que sea así, pero quizás valiese la pena un poco de reflexión frente a un hecho incontrovertible: la percepción fuera de nuestras fronteras es más de país que de enclave. Por decirlo de otra manera, quien resulta defraudado de una estancia en Mallorca, difícilmente elegirá para sus próximas vacaciones una localidad de la Costa del Sol. O quien sale malparado de un fin de semana en Barcelona, es poco probable que decida contratar una estancia de un par de días en Madrid.

Y en todo eso no sólo cuenta la relación entre calidad y precio de los establecimientos turísticos (hoteles, bares, restaurantes, etc.), también es capital el funcionamiento de los servicios, comenzando por el transporte aéreo y acabando en cualquiera de los que uno utiliza, en condiciones normales, cuando decide visitar otro país. Un ámbito en el que, por mucho que se haya hecho, es todavía más lo que resta por acometer.

No ha sido frecuente, pero la evidencia de que se trata de una décima parte del Producto Interior Bruto (PIB), soportando un porcentaje algo superior del empleo y siendo un aporte importante a la balanza de pagos, influye sin duda para que, a ser posible, el turismo impulse algo más que preocupación.

Enrique Badía

NOTICIAS RELACIONADAS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisment -

Últimas Noticias