domingo, noviembre 27, 2022

Elecciones e iniciativa

Comencemos el año con el tópico: las elecciones sirven para desalojar a un Gobierno sin derramamiento de sangre. El tópico, para ser gráfico, es exagerado. Vistas sin excesos, las elecciones sirven para desalojar un Gobierno del modo más razonable posible. La cuestión no está en el exceso del tópico, sino en si las elecciones sirven para elegir a los representantes de la oposición como nuevos gobernantes o, sencillamente, para sostener o despachar a los que gobiernan en ese momento. ¿Pesa más la muestra de conformidad o enfado con lo vigente o los electores son también capaces de expresar entusiasmo por el cambio?

No es una discusión bizantina, porque algunos dirigentes del PP parecen pensar que su gran arma electoral es el desgaste del Gobierno. No hay más que oírles: aunque se consiga una leve cifra de crecimiento, el paro seguirá aumentando; ya se vio, además, en la crisis de 1993 que el desencanto va ralentizado; el desconcierto gubernamental se ha visto acelerado por la crisis y sus efectos seguirán palpables; lo mejor es esperar, si se puede de perfil; lo importante es medir las palabras… Como si el programa del cambio fuese aguardar hasta ver pasar por delante de la puerta el cadáver del adversario.

Sin embargo, y descartando el entusiasmo (quién va a tener ahora entusiasmo por nada), la experiencia dicta que la alternancia va unida a la capacidad de iniciativa. Han sido ya muchos los Gobiernos que han resistido los peores momentos pero, repásense los años 1982, 1996 y 2004, los de los grandes cambios: ninguno soportó, cuando se dio, la poderosa iniciativa del adversario. El PP comienza el año con una proposición parlamentaria acerca de una nueva estrategia económica. Veremos cómo la explican y, si la explican bien, veremos también el resultado.

Germán Yanke

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