domingo, noviembre 27, 2022

Lo que debe saber la CIA

En términos de pérdida de vidas, el atentado contra la base de la CIA en Jost, Afganistán, puede ser el error más caro de la historia de la agencia. Así que es importante examinarlo cuidadosamente en busca de pistas que determinen cómo sucedió, y de lecciones para el futuro.

Los veteranos de la CIA citan una serie de señales de advertencia que apuntan a que la agencia no estaba prestando suficiente atención a la amenaza planteada por la contrainteligencia de Al Qaeda. Estas señales de peligro no se abordaron debido a que la agencia subestimó a su adversario, y ha sobrestimado sus propias habilidades y las de sus aliados.

Ahora es el momento de arreglar estos problemas, no con conjeturas que debilitarán más a la CIA, sino a través de la adaptación del propio organismo a esta zona de guerra. Como deja muy claro el ataque de Jost, la CIA necesita mejorar sus operaciones clandestinas en este conflicto.

Al meter un suicida dentro de una base de la CIA, la red de Al Qaeda ha demostrado que sigue siendo un adversario sofisticado, a pesar de la intensa presión de los ataques ‘Predator’ de la CIA. «No tuvieron mejor suerte sino que han mejorado, y nosotros nos descuidamos por todo Afganistán», dice un veterano del contraterrorismo de la agencia.

No debería sorprender a nadie: fuentes de la CIA dicen que, durante el año pasado, dos aliados de Al Qaeda en Afganistán -las redes Haqqani y Hekmatyar- han ejecutado operaciones como agentes doble. Esa táctica triunfó desastrosamente en Jost hace una semana, cuando las defensas de la CIA fueron penetradas por un médico jordano que se hizo pasar por confidente del servicio de inteligencia jordano.

¿Por qué no fue interrogado el jordano fuera de la base, o bien cacheado cuando llegó, dado el riesgo de que hubiera sido enviado por Al Qaeda? ¿Confiaba demasiado la CIA en su aliado jordano? Estas cuestiones básicas necesitan respuesta.

Los agentes dobles Haqqani y Hekmatyar fueron descubiertos el año pasado, a través de polígrafos y otros medios, pero fuentes de la agencia sostienen que estos casos deberían haber endurecido las contramedidas. Tanto los Haqqani como los Hekmatyar tienen sus propias unidades de inteligencia, y sus agentes fueron entrenados profesionalmente en la década de los 80 por los Servicios de Inteligencia de Pakistán.

Los fundamentalistas musulmanes están utilizando herramientas cada vez más sofisticadas -a veces las mismas técnicas que se han desplegado en su contra-. Un ejemplo es el software utilizado por Hezbollah para analizar patrones telefónicos y exponer una red de espionaje israelí en el Líbano el año pasado. Irán también utiliza el análisis de patrones para estudiar cuáles de sus científicos nucleares podrían haber sido reclutados por Occidente.

A pesar de esta creciente amenaza, la CIA ha dedicado recursos limitados a la defensa de sí misma. Dentro de su gran cuartel de Kabul, se rumorea que la CIA tiene sólo dos agentes que trabajan a jornada completa en contrainteligencia. Hay una ausencia parecida en los recursos dedicados a las operaciones de Pakistán contra el organismo.

En el 2004, la reorganización de la inteligencia agregó más capas de burocracia, pero no más eficacia. Se creó el nuevo Ejecutivo Nacional de Contrainteligencia, pero este grupo se ha centrado en los objetivos tradicionales, como Rusia y China, en lugar de otros nuevos. «¿Hasta qué punto es bueno?», pregunta un veterano del contraterrorismo de la CIA. «Está sobrevalorado. Aparte de las tareas adicionales y de más reuniones, sirve de muy poco».

Los precedentes profesionales de la CIA constituyen otro aspecto preocupante del problema. Las complejas operaciones de infiltración y engaño que podrían contener a Al Qaeda llevan tiempo y paciencia. Sin embargo, las operaciones de la agencia reflejan los cortos turnos de personal a dos años, o el despliegue aún más breve en zonas de guerra. «Vivimos en ciclos de dos años», dice un confidente privilegiado. El agente racional con ambiciones mira las operaciones de infiltración y engaño y concluye: «Es demasiado tiempo, no me van a ascender».

Lo más preocupante es que, durante el año pasado, la CIA ha tenido lo que esta fuente llama «fallos graves de contrainteligencia y seguridad en las bases de Afganistán».

La prueba de los procedimientos descuidados se dice ha surgido el año pasado en una de las bases de la agencia en el sur de Afganistán. Uno de sus vehículos fue robado, pero la sede no lo notificó hasta después de varias semanas. Alguien fue sorprendido fotografiando la puerta de entrada a la base, pero fue entregado a la policía afgana inicialmente, en lugar de a agentes de la agencia. Un guardia afgano no superó un polígrafo, planteando el temor a que fuera un agente doble. Sin embargo, no se adoptaron medidas agresivas.

Un problema obvio final es la formación. Los agentes necesitan más preparación de la que reciben ahora de cara a los encuentros de alto riesgo y los desafíos paramilitares.

Después de cualquier calamidad aparece el siempre inquietante «qué pasaría si». Pero mirar al espejo retrovisor no va a hacer más fuerte o mejor a la CIA. El ataque de Jost demuestra que la red de Al Qaeda, aunque gravemente herida, sigue siendo un enemigo astuto e ingenioso. La conclusión ineludible es que la CIA y sus aliados tienen que mejorar su juego.

© 2010, Washington Post Writers Group

David Ignatius

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