martes, febrero 7, 2023

Zapatero compra libros

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Estaba el presidente del Gobierno comprando libros en El Corte Inglés (tres, dicen las crónicas, lo que tampoco es muy exagerado) y se le acercaban los vendedores, el director del centro, los compradores sorprendidos. Luego, como era 28 de diciembre y el cardenal Rouco estaba celebrando en la plaza de Colón el día de los Santos Inocentes, la gente a la que se lo contaban pensaba que era una inocentada, que cómo iba a estar Rodríguez Zapatero te tiendas con la que está cayendo.

Desde luego, si además de las compras de urgencia el presidente pretendía tomar el pulso a la calle, o a la tienda, se habrá dado cuenta de que la preocupación más grave no es tanto cuántos libros se pueden comprar hoy, que también, sino que pasará con el empleo en 2009, que es el más grande agobio, el síntoma de la tremenda desconfianza, incluso la que hace que se gaste menos ahora. Con ello se demuestra que tienen razón los que sostienen que la mejor política social no es la que establece fuertes criterios de protección de parados y desamparados, sino la que establece el marco adecuado para que haya inversión y creación de empleo.

Y es lo que nos falta en medio o tras los rosarios de medidas de urgencia, que sirven para contener en lo que se pueda la gangrena, pero no para dotar de la salud necesaria a una economía maltrecha tanto por causas ajenas como propias, tremendas estas, conclusión inesperada de la burbuja y del decorado de papel en el que se desenvolvían las cifras de nuestra satisfacción. El Gobierno pretende crear empleo y, como si el asunto fuera de fe y no de política económica, asegura que ya en 2009 se irá recuperando. NI un dato sobre ello, ni incluso ni una previsión gubernamental seria sobre el que se destruirá, incluso contando con ese optimismo, antes de una hipotética recuperación temblorosa.

Ya sabemos, además, que la promesa es falaz, es decir, que el Gobierno no crea el empleo, que es algo que hacen empresarios e inversores si cuentas con la confianza suficiente. Así que, si el presidente quiere basar en algo tangible su optimismo, tendrá este que dejar de ser «antropológico» (es decir, suyo y de sus libros) para comenzar a ser sociológico, lo que sólo se consigue cambiando las condiciones, estableciendo un escenario distinto del actual, rectificando políticas que se han revelado inoperantes o perniciosas, ayudando más fiscalmente que con subvenciones particulares, etc. Hasta que no empiece el trabajo de unos, del Gobierno, no habrá empleo para otros. Es decir, todo será, como algunos se temían con lo de la visita a El Corte Inglés, una inocentada.

Germán Yanke

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