martes, diciembre 6, 2022

Los Santos Inocentes

Se acercan los santos inocentes y el Gobierno está hecho unos zorros, pero Zapatero no se atreve a ponerlos de patitas en la calle porque hace mucho frío y quiere que los Reyes Magos, a las chicas y a las mayores de la cuota femenina, les echen una Mariquita Pérez, y a los muchachos un camión o unos sacos de carbón. Sobre todo porque Zapatero carece de la autoridad moral para echar a nadie, porque el primero, por «follonero», que debería salir del Consejo de Ministros es él. Y lo mismo debería hacer Rajoy en el PP, con lo que hubiera sido muy bonito que, con motivo de la Navidad, uno y otro, Zapatero y Rajoy, dando una inusitada imagen de unidad y altas cotas de responsabilidad, se dirigieran a los españoles para anunciarles, con toda solemnidad, algo tan sencillo como: “Nos vamos”.

Aunque fuera por unos instantes, una cierta euforia se apoderaría de toda la población, subiría la Bolsa, los bancos darían créditos a todo quisque, el Real Madrid empezaría a jugar al fútbol, y un gigantesco arco iris plagado de colores y esperanza iluminaría el cielo español. Pero no caerán esas dos brevas, por muy pasadas que ya están, sino que, más bien al contrario, la una apoyada en las espaldas de la otra, intentarán permanecer donde están hasta el final de la legislatura. O sea, que vamos a mucho peor y sin visos de solución.

Y la crisis del Gobierno llegará, vaya si llegará, porque cuando el agua del torrente caótico español inunde la sentina de la Moncloa y llegue hasta el puente de mando de Zapatero, el presidente empezará a lanzar ministros por los balcones, como quien lanza lastre para salvar la embarcación en medio de la furiosa tormenta. Pero entonces será demasiado tarde porque las olas de los parados serán de más de ocho metros, y Cayo y Toxo ya habrán salido a la calle al frente de la famélica legión, pidiendo la cabeza apepinada y llena de serrín del presidente, y las tampoco esbeltas de sus dos vicepresidentes, ella y él, De la Vega y Solbes, la una cada vez más desgastada en medio de la crisis de la Justicia donde tanto gusta meter la mano, y el otro que está a punto de echarse a llorar, por el ojo bueno, una vez que el otro, con el que no ve ni tres en el burro de la crisis, debe tenerlo de cristal.

Y de los ministros, que le vamos a contar. La mitad de ellos se dedican a ver cómo le arreglan los problemas económicos a Sacyr -sería más fácil colocar a Del Rivero como ministro de Fomento- y la otra mitad está a ver cómo aguantan el temporal y cuánto aguantan sin respirar debajo del agua. Mientras en la Moncloa, el jefe acaba de descubrir el bonito juego del Palé con los Presupuestos del Estado y las diecisiete Autonomías, una partida que ha animado a los del PP a liarse a maporrazos entre todos ellos en la ausencia de su líder Rajoy, que suponemos que estará escribiendo su carta a los Reyes Magos a ver si le echan una bicicleta de carreras, por si un día de éstos se tiene que escapar.

Este año los Santos Inocentes son los ciudadanos españoles, que llevan en la espalda un muñequito de papel que les ha puesto Zapatero. Hasta los que se creían más listos y más ricos también, gracias a Madoff y a otros gurús de Wall Street, se han llevado lo suyo. Aunque los que de verdad van a sufrir más que nadie van a ser los parados, y los que se van a parar en los meses que se acercan, preñados de un duro calendario electoral donde la abstención o el voto de castigo al PSOE y al PP -Rosa Díez se va a poner las botas- se van a convertir en el divertimento nacional. Es la venganza de los Santos Inocentes que, tarde o temprano, llegará.

Marcello

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