sábado, diciembre 3, 2022

El campeón de Madoff

La justicia poética que ha caído sobre la élite financiera de Madrid a manos del inefable Madoff se ha convertido en uno de los temas de mofa y tertulia de los cenáculos de la capital, donde la tormenta perfecta de la crisis de las finanzas y la economía no hizo nada más que comenzar.

Si el ex presidente de Recoletos, Jaime Castellanos, el de los pelotazos de comunicación, hubiera leído en su día la «maldición» de Julio Cerón, sobre lo que les ocurre a quienes maltratan a los esforzados del periodismo y la libertad de expresión y, en vez de chulearse por los salones de Madrid y la sierra sevillana -mezcla del señoritismo de Bilbao y Sevilla-, se hubiera comportado como un señor otro gallo le habría cantado en la guerra civil de Vocento (donde las acciones están a 3,44), y puede que, incluso, se hubiera zafado de la trampa de Madoff donde al parecer el tal Castellanos ha caído de patas como las moscas en el famoso pastel, de la mano de su «pariente» político, Morenés.

Hay apuestas en los cenáculos de Madrid sobre quién es el primo que más dinero ha perdido en la dorada -pintada con purpurina- pirámide de Madoff y muchos de los pronósticos apuntan a Jaime Castellanos como el campeón de la escalada piramidal, aunque hay discrepancias sobre el monto del total que le han cazado en la operación. Da igual, pero en estos tiempos difíciles en los que muchos españoles lo están pasando tan mal, a más de uno de los señoritos del poder se les están atrangantando las uvas de fin de año entre ríos de champán.

Al final lo de la burbuja de las inmobiliarias y de la construcción no era el único hinchazón la especulación financiera nacional, sino que estaba por ver la otra cara de la hecatombe, los chiringuitos y bancos anaranjados en los que se regalaban duros a tres pesetas y se garantizaban dividendos a la sombra de prestigiosas marcas y de misteriosos gurús, como Lehman o el inefable Madoff, con sus pretendidos inexpugnables fondos de inversión que se han desmoronado como torres de arena, arrastrando con ellos a lo más granado del sistema financiero internacional, y a los señoritos que, en España, se creían los más listos y los más ricos de la nación.

Ya sabemos que, salvo en algunos casos extremos, a muchos de estos ricos no los vamos a ver en la ruina, pero el sofocón no se lo quita nadie, sobre todo porque a estos ganadores de por vida nunca les gusta perder, aunque sea un pellizco de todo lo que tienen acumulado. Pero entre lo de la Bolsa, los fondos, las pirámides y otras aventuras, a más de uno estas Navidades le van a sentar a cuerno quemado y difícilmente las van a olvidar. Y veremos lo que pasa en el ruedo ibérico y financiero español si la reforma esperada del sistema financiero pone cerco y patas arriba los paraísos fiscales y sale de esas madrigueras toda la pasta española que escondida allí está. Porque en ese caso, en España, como en otras naciones de nuestro entorno, se va a armar la mundial, y no quedará, como debiera, títere con cabeza.

Aunque mucho nos tememos que los líderes mundiales, desde Obama a los de la UE, no se atreverán a levantar de sopetón el telón de los paraísos de la infamia financiera internacional, donde conviven fortunas personales de todo pelaje y extracción social. Paraísos donde, muy probablemente, tiene Madoff escondidos muchos de los millones que timó a sus compañeros de la pirámide que lloran por las esquinas de París, Madrid, Londres, Roma, Berlín y Nueva York.

Marcello

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