domingo, febrero 5, 2023

Solbes se despide

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Con la misma abulia con la que habla el vicepresidente Pedro Solbes, que ve la guillotina de la crisis del Gobierno bailando sobre su cabeza, empezó a despedirse de la política diciendo que no volverá a ser candidato a diputado en el 2012 y hablando de su futuro al margen de las instancias del poder. Y se comprende este navideño adiós del vicepresidente, adelantándose a los que se esperan como próximos acontecimientos, para que no le ocurra lo que a José Bono, que cuando se quiso ir de Defensa Zapatero no lo dejó marchar y cuando se descuidó el presidente lo cesó sin pestañear.

Lo de Solbes está cantado porque carece de la menor credibilidad para dar la batalla a la crisis económica y, lejos de ofrecer confianza, transmite mal de ojo, pesimismo y depresión. Empezó negando la crisis en aquel debate con Manuel Pizarro, a quien el tiempo ha proclamado campeón, y a partir de ahí no ha hecho sino rectificar -decenas de veces- sus pronósticos sobre el corto, medio y largo plazo de la crisis. Y su estado de ánimo es tan bajo que su imagen pública está más cerca de la de un parado, o de la de un rico financiero al que le han pillado unos millones en Madoff, que de quien ha de presentarse en sociedad como el hombre fuerte del momento.

Además, Solbes sabe que con Zapatero es imposible hacer Presupuestos con seriedad y ajenos a su lista de pagos y favores a nacionalistas y otros colectivos, y ya está cansado de encontrarse con conejos que el presidente saca de la chistera monclovita sin haberlos estudiado o presupuestado, tal y como le ocurrió con el «donativo electoral» de los 400 euros, que no le han servido para nada.

Y si repasamos sus enfrentamientos con la oficina económica de Moncloa, sus peleas con el ahora ministro Sebastián, su marginación en el caso de la petrolera Lukoil y Repsol, su ausencia en las reuniones de amigos ricos del presidente en el palacio presidencial, o las noticias que aseguran que el plan de rescate del Gobierno a la banca española lo ha redactado el entorno de Botín, veremos que la depresión que exhibe Solbes no sólo se debe a sus errores y previsiones equivocadas, sino a su marginación en decisiones que deberían ser de su incumbencia. Y no perder de vista la catástrofe de todas las catástrofes, que anida en el Ministerio de Fomento que debería ser motor de la reactivación del empleo y donde la impresentable Magdalena Álvarez no sólo no ayuda sino que, cada día que pasa, empeora la situación, como lo acabamos de ver con el derrumbe, ocultado por ella, de un túnel del AVE.

Ahora bien, Solbes puede hacer un buen servicio al país y al PSOE si con su lánguido anuncio de despedida pone, de una vez, en marcha la crisis del Gobierno llevándose con él a su tumba política a más de la mitad de este fantasmagórico gabinete que esperan comerse el turrón, mientras temen que los Reyes Magos les dejen en los zapatos el cese con un saco de carbón.

Marcello

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