lunes, febrero 6, 2023

El barullo como programa

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Asistimos a la agonía final de Izquierda Unida, que ya reconoció tras las últimas elecciones que, al parecer, no conocía España, como era de esperar. La muerte de este intento ya frustrado de ofrecer a los electores «otra» izquierda podía ser dulce, como venía siendo hace tiempo, pero parece que la nueva dirección, a la que sólo queda la administración del final y la organización de los funerales, se resiste y prefiere dar algún espectáculo espasmódico en este definitivo trance. Ahora, tras la incapacidad de ofrecer alternativas en la izquierda y de conseguir el apoyo preciso en las urnas, se ofrecen las movilizaciones, las huelgas y las actividades callejeras. Como continuación de aquello del «programa, programa» no está nada mal: que a los libros siga la comedia.

Se trata, en el fondo, de pretender decir más alto lo que está demostrado que no son capaces de decir más claro. Izquierda Unida no puede culpar al sistema electoral -que ciertamente no le favorece- de sus males y de su descenso traumático por un plano inclinado que no consigue superar. No es culpa del sistema electoral, sino más bien de lo contrario, la colaboración de la coalición con el Plan Ibarretxe y de muchos de sus dirigentes con ANV y otras caretas políticas de Batasuna y ETA. Tampoco la ley electoral tiene la culpa de una batalla interna (que no son «cuitas», como dice su nuevo coordinador) que tiene su origen en la confusión ideológica y en la impotencia, salvo gritando más o amenazando con la huelga general, para presentar una oferta de izquierdas distinta de la del PSOE. El espectáculo de esta agonía final tampoco tiene que ver, ciertamente, con la representación parlamentaria que han conseguido en los últimos comicios.

No es imposible ofrecer una alternativa distinta a la socialdemocracia, como ha ocurrido en Alemania, pero sí parece improbable que con el recurso a las movilizaciones, solamente quejosas y alteradas, como si con ellas se quisiese disimular más los problemas propios que denunciar la ineficiencia del Gobierno, se pueda llevar a cabo. Están, en definitiva, fuera del escenario y hasta en la retórica se observa cuando Lara quiere «acercarse» a los pobres, a los que pierden el empleo o no pueden pagar las hipotecas. Ya sabíamos que, con bastante desvergüenza y poco aprecio a la ley, no estaban éstos en la Izquierda Unida aliada a Ibarretxe, pero parece que ocurre lo mismo en el resto de España. Vamos, que no están. Ni se les espera.

Germán Yanke

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