viernes, diciembre 9, 2022

El cuarto mundo en pleno centro de Madrid

Un vertedero durante el día, un nicho de pobreza de noche. Así es la dantesca imagen de uno de los lugares más emblemáticos de Madrid, el faro de Moncloa. Todos los días, desde el mes de octubre, cuando cae el sol, la explanada que colinda con la construcción desde donde se observa la majestuosidad de la capital se convierte en lo más parecido que puede haber a un campo de refugiados en Madrid. En ese preciso momento, más de 80 personas de origen rumano y que sobreviven gracias a la mendicidad levantan sus tiendas de campaña, encienden hogueras y se preparan para pernoctar en pleno centro de Madrid.

La ocupación del terreno se realiza bajo la permisividad del Ayuntamiento dirigido por Manuela Carmena, que desde su llegada al gobierno ha permitido este tipo de asentamientos y que ya realizan más de 1200 personas, según el último estudio del Samur Social.

En concreto, en el poblado de Moncloa se pueden observar más de 15 tiendas de campaña que se levantan todos los días en torno a las 17.00 horas de la tarde. Las peleas para instalarse en un mejor lugar son habituales, según relatan algunos trabajadores de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo). Pero la fundación, que depende del Ministerio de Asuntos Exteriores, no es la única afectada. El turismo también se ha visto resentido desde la invasión de la pobreza. “Los turistas nos preguntan y se asustan cuando vienen a visitarnos”, relatan unas trabajadoras del Faro de Moncloa.

Aunque si hay un verdadero damnificado por esta situación es Jesús, el jardinero que se encarga de la salud de todos los jardines y zonas verdes de la zona. Cada mañana, Jesús cambia de profesión y se convierte en el señor de la limpieza. “Es el servicio de habitaciones de los rumanos”, afirman en un tono irónico trabajadores de la AECID. Durante el matutino saneamiento del terreno el operario encuentra botes de champú, cuchillas de afeitar, latas de conservas, litronas vacías, zapatillas y sudaderas.

Img_3380

Jesús recoge la basura acumulada durante la noche.

Los estragos del asentamiento ilegal sobre el terreno son evidentes. Césped quemado, fuentes repletas de basura y arbustos talados para realizar hogueras. Son algunas de las consecuencias de una ocupación que ya dura más de cinco meses.

Insultos y amenazas

Las amenazas también son una constante en la convivencia de los trabajadores de la zona con los asentados de origen rumano. “Más de una vez han amenazado a los vigilantes de seguridad cuando han querido desalojarlos de los tejados del aparcamiento de la ACEID cuando llueve”, afirman los propios trabajadores de la fundación. Los pacientes y familiares del centro hospitalario Fundación Jiménez Díaz también han mostrado su descontento y malestar. Estrella Digital testó en primera persona estas versiones al sufrir las increpancias de los asentados al intentar pulsar sus ánimos y opiniones.

El día a día de estas personas comienza a las 07.00 horas de la mañana. Al amanecer, comienzan a recoger todas las tiendas de campaña y chabolas prefabricadas para guardarlas en las alcantarillas y en las trampillas de luz y teléfono. “Cualquier día de lluvia nos vamos a encontrar la calle inundada”, afirman empleados de la AECID al ser cuestionados por estos ‘almacenes’ improvisados.

Img_3371

Aquí guardan las tiendas de campaña los asentados ilegales.

Una vez levantado el asentamiento, los miembros del ‘clan’ se distribuyen por distintas zonas de la capital para practicar la mendicidad. Los vagones de los metros, los semáforos y las esquinas de los mejores barrios de Madrid son sus ‘lugares de trabajo’. La organización es tan perfecta que todo hace indicar que detrás de ellos hay alguna mafia.

Para ‘matar’ las horas de aburrimiento se suceden los juegos de cartas y las charlas alrededor de un fuego que calienta unos cuerpos castigados por el temporal. “Han llegado incluso a pintar un campo de fútbol en la carretera”, aseguran empleados de la zona. Si necesitan hacer sus necesidades fisiológicas, los baños del intercambiador de Moncloa son su lugar de peregrinación. Si la fila de espera para utilizar estas instalaciones es demasiado larga, realizan sus deposiciones al otro lado del faro donde la hierba es más alta y es más fácil ocultarse.

Un terreno sin dueño

Los asentamientos ilegales, como así los denominan los grupos políticos municipales, se han convertido en un problema de un calado en la sociedad, hasta tal punto que el Partido Popular, liderado por Esperanza Aguirre, llevó la cuestión a un pleno extraordinario la semana pasada. Los populares propusieron una serie de medidas para atajar un asunto que ya afecta a más de 1.200 personas de manera directa.

El caso del asentamiento de Moncloa parece uno de los más difíciles de resolver por la propiedad del terreno. Trabajadores de la AECID aseguran que pertenece a la Universidad Complutense, pero el centro académico dice que esa zona no es suya y que el titular es la propia AECID. La fundación, como institución, no ha querido hacer declaraciones al respecto y el Ayuntamiento de Madrid no ha sabido o querido contestar sobre la titularidad del terreno afectado al cierre de esta edición.

Al final, como dice el viejo refrán: “entre unos y otros la casa sin barrer”. O no. Porque para suerte de los asentados, de la AECID, de la Universidad Complutense y del propio Ayuntamiento, siempre estará Jesús, el jardinero-servicio de habitaciones del Faro de Moncloa.

NOTICIAS RELACIONADAS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisment -

Últimas Noticias