viernes, julio 19, 2024
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Turquía dificulta todavía más la compra de coches con más aranceles

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En 2023, la web Scrap Car Comparison determinó que Turquía es el país en el que resulta más caro comprar y mantener un coche nuevo. De media, los ciudadanos turcos tienen que invertir seis veces el salario anual promedio para tener un vehículo en propiedad.

Un problema que los expertos creen que va a continuar agravándose con la puesta en marcha de nuevos aranceles a los vehículos eléctricos chinos, que vienen a complementar a los que ya llevan un tiempo aplicándose a los automóviles de gran cilindrada, que están gravados con un Impuesto Especial al Consumo.

El coche, un objeto de lujo

El Impuesto Especial al Consumo grava bienes como los productos petrolíferos, los vehículos y los objetos de lujo, y es lo que provoca que un vehículo que en Europa puede adquirirse por unos 40.000 euros, en Turquía pueda llegar a costar 120.000 euros.

En el país, la mitad de la población en edad laboral apenas cobra el salario mínimo. De media, los trabajadores turcos perciben un sueldo de 773 euros al mes, y el salario de los altos ejecutivos apenas supera los 2.500 euros. Lo que hace prácticamente imposible asumir el coste de adquirir un vehículo nuevo y hacer frente, además, al mantenimiento del mismo.

Por eso, la mayoría de los consumidores suelen optar por vehículos de segunda mano, marcas nacionales o vehículos de gama baja de marcas que gozan de reconocimiento internacional.

Vehículos de gama alta con motores pequeños

La solución que han encontrado aquellos que sí pueden permitirse un coche nuevo importado, es escoger marcas de alta gama como Mercedes, pero con motores muy poco potentes en comparación con los que este tipo de coches suelen incorporar.

La razón de ser de los altos aranceles que se aplican a los vehículos importados es que Turquía pretende potenciar su mercado interno. Sin embargo, el país necesita recurrir al mercado externo para comprar piezas que son necesarias para fabricar vehículos dentro de sus fronteras, y los expertos temen que haya un efecto rebote: si Turquía cobra muchos aranceles por la importación de vehículos extranjeros, los países que le suministran insumos para el sector automotriz podrían hacer lo mismo.

Los vehículos eléctricos fabricados en China no se han librado de esta medida. Mientras en Europa se ha debatido mucho sobre la aplicación de aranceles a estos coches, en Turquía se decidió a principios de junio imponer unos aranceles del 40% a estas importaciones.

La marca local Togg tiene en el mercado turco un SUV y una berlina de motores eléctricos, y el objetivo del Gobierno turco es potenciar la venta de esta marca en detrimento de las extranjeras.

Tipos de gravamen aplicables

Hasta hace algún tiempo, los impuestos que pagaban los vehículos importados a Turquía se determinaban en función de su peso, pero luego se pasó a un sistema que fijaba los aranceles atendiendo al tamaño del motor.

En 2020, los aranceles para vehículos importados con un motor de 1.6 litros aumentaron del 60% al 80%, mientras que los modelos eléctricos con más de 2.000 cc experimentaron una subida en sus aranceles del 100% al 130%. En el caso de los coches de segmento alto, el tipo de gravamen pasó del 160% al 220%.

Crece la presión sobre la industria automotriz china

En un contexto en el que las políticas nacionales e internacionales están abogando por la implantación del vehículo eléctrico como medio de transporte mayoritario, ha surgido un importante conflicto entre los fabricantes estadounidenses y europeos y los fabricantes chinos.

No es Turquía el único país que quiere proteger su mercado interno frente a la llegada de vehículos eléctricos fabricados en China y puestos a disposición del consumidor con un precio notablemente más barato que el de los vehículos fabricados dentro de sus fronteras. 

En el caso de Estados Unidos, los aranceles a la importación de vehículos eléctricos procedentes de China van a subir del 25% al 100% a partir del 1 de agosto. Una medida que también va a afectar a otros productos como los microchips y las baterías.

En Europa, la nueva política arancelaria está en aplicación desde el pasado 5 de julio. Ahora, los fabricantes chinos que deseen vender sus coches eléctricos en el territorio de la Unión Europea, tienen que pagar hasta el 37,6% de su valor en impuestos. 

La medida es temporal y estará en vigor cinco años, aunque las autoridades europeas esperan que en ese tiempo se pueda llegar a un acuerdo comercial que beneficie a todos los implicados, y reducir el tipo de gravamen aplicable.

Con estas medidas, los países intentan proteger a sus empresas de la competencia desleal que consideran que está llevando a cabo China. Porque las investigaciones llevadas a cabo han puesto de relieve que el Gobierno chino está subvencionando a todas las empresas que intervienen en la cadena de suministro de la fabricación de vehículos eléctricos, lo que permite que estos coches salgan al mercado a un precio con el que el resto de marcas no pueden competir.

Hace 10 años, Europa decidió no imponer aranceles a los paneles solares procedentes de China y, como resultado, la industria europea dedicada a esta actividad prácticamente ha desaparecido, porque las placas fabricadas en China son más baratas que las que se realizan en territorio Europeo. Las autoridades europeas no quieren que pase lo mismo con los vehículos eléctricos y, por eso, en esta ocasión sí han adoptado medidas.

Mientras tanto, el coche eléctrico continúa sin despegar. En el caso de España, entre enero y mayo de este año se han matriculado menos coches 100% eléctricos e híbridos que durante el mismo período de 2023, y este fenómeno se está dando de forma generalizada a nivel mundial.

Factores como el elevado precio de estos utilitarios, o la insuficiencia de las redes de recarga, se han convertido en un importante obstáculo para el despegue del coche eléctrico y, como consecuencia, grandes marcas como General Motors o Ford, entre otras, están dejando de lado sus inversiones en este segmento para volver a reforzar la fabricación de coches con motores de combustión que sean más eficientes y menos contaminantes.

Por su parte, China no se ha quedado de brazos cruzados ante las medidas que otros países han tomado frente a sus coches eléctricos, y ha anunciado diferentes investigaciones sobre productos que importa desde el extranjero, a fin de valorar si es conveniente subirles los aranceles. 

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