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Viajes tengan y no los sufran

Libertad Martínez | En blanco

Libertad Martínez | 27 de julio de 2016

Pues sí. Parece que no pero ya estamos en tiempo de vacaciones. Si se descuidan, en dos días Navidad. Se lo digo yo: el verano es muy corto. Tiempo, pues, de preocuparse lo justo. Al fin y al cabo si trescientos cincuenta diputados y diputadas llevan un año de vacaciones, ¿por qué nos vamos a preocupar el resto? Viajes tengan y no los sufran. Sumen la paciencia y la prudencia necesaria para que la carretera no les de el verano y las esperas no les desquicien. Reclamemos, eso sí, a los gestores de infraestructuras, compañías de viajeros y agentes del asunto una atención al cliente a la altura de lo que nos merecemos.

El pasado lunes, sin ir más lejos, dieciséis personas que viajaban a Guatemala estuvieron a punto de quedarse en tierra debido a la sobreventa de billetes de la antes compañía bandera española y ahora multinacional. El temido “overbooking” se produce estos días con notable frecuencia. Del mismo modo los aeropuertos sufren anulaciones que derivan de huelgas, conflictos y retrasos, producto de una enloquecida gestión tanto de los recursos humanos como de los aviones. Los datos indican que el transporte público de cercanías aumenta, pero para los viajes largos (low cost), el AVE o los aviones son nuestros  preferidos frente a la carretera, más barata pero que ofrece una experiencia menos placentera.

En fin. Con mochila y manta; con niños y suegros; en tren o avión, vayan al mar, la montaña, allí donde el ganado descanso les aguarde, súmense a la corriente de turistas que ocupa España. Por cierto, la “turismofobia” se extiende. En todas las ciudades (las más relevantes las primeras) crece la oposición a la industria que más recursos, empleos y actividad económica crea. Necesitamos un turismo sostenible, de calidad y que ofrezca una perspectiva a largo plazo. Un propósito que debemos hacer compatible con esos buenos millones de visitantes que alegran nuestra economía. Compatibilidad y sostenibilidad que no tuvimos en el pasado. Una cultura devoradora que ya se ha llevado por delante el mar de La Manga, complicando la gestión sostenible del agua o urbanizando hasta lo indecible las costas.

Cuiden y reclamen esa atención al cliente de la que tanto nos quejamos, en silencio y con vergüenza, como esas innombrables enfermedades. En general, será la hostelería la mayor fuente de empleo: salarios bajos y jornadas extenuantes, la que mayores dolores de cabeza les produzca. Reclamen. No se dejen abatir por la desesperanza. Viajen, viajen y no sufran viajes, desmanes ni atropellos. Y vuelvan que aquí les esperamos los que nos quedamos, un rato, que cuando ustedes vean concluir su descanso, lo empezaremos los demás. Ustedes de vacaciones y nosotros y nosotras, sin gobierno.

Porque hablando de “overbooking”, ninguno más notorio y más inútil (por ahora) que el que se produce en La Zarzuela. La inacabable ristra de formaciones políticas que viajan a reunión con el Rey vienen a confirmar que, lamentablemente, y frente a lo prometido, pluralidad no significa resolver los problemas de la gente con más eficacia. La carrera por nombrarse oposición es bastante notable. Nadie se siente concernido por la responsabilidad de evitar nuevas elecciones. Mientras tanto, crecen dudas sobre las pensiones y la actividad económica. Se cierran los Presupuestos del Estado y se enredan con las recaudaciones. Entre tanto, sus señorías, viajan y viajan hacia ninguna parte.

El viaje hacia el descanso corresponde a la ciudadanía. El viaje a la responsabilidad debería ser de los elegidos y las elegidas que no lo han sido para ocupar pantallas, sea de televisión o el Twitter, sino para darnos un gobierno. Viajes tengan y no los sufran, que no esta claro que los viajes a La Zarzuela den para mucho.

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