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Operación alocada y desbocada contra la Monarquía parlamentaria

Editorial Estrella | 14 de octubre de 2020

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Imagen Casa Real

La resaca del Día de la Hispanidad deja un reguero de sondeos en los que, de manera oportuna pero también oportunista, se pone en solfa a la Casa Real, recogiéndose porcentualmente en pura estadística el grado de satisfacción/insatisfacción de los españoles respecto de la institución.

Aprovechando que el Pisuerga pasa por la Zarzuela, diversas voces antisistema, incluidas paradójicamente las de alguna ministra, como Irene Montero, se han referido a la “sensibilidad” que hay que tener para abrir el debate del “horizonte republicano”.

Más allá de las expresiones, entre cursis, taimadas, eufemísticas, sibilinas… pero muy calculadas, es sarcástico que quienes manejan las riendas de un país que desgraciadamente se está asomando a una depresión económica y social de caballo, pongan ahora la mirada en la cabeza de Felipe VI. Y con trampas.

Porque el debate aquí no es simplemente entre Monarquía y República. Es mucho más específico. Y, en lo esencial, se traduce en una pugna entre quienes están cómodos con el sistema establecido con posterioridad a la Transición (en el ánimo de pulirlo y mejorarlo), y quienes, por el contrario, trabajan abierta pero también sigilosamente para derribar esa obra, porque la minusvaloran, o la desprecian, o la ignoran… o simplemente les estorba.

Si de “ser sensibles al debate social” se trata, desde hace años hay otras muchas “sensibilidades” que están a flor de piel de los ciudadanos y son o deberían ser tenidas en cuenta en la escala de prioridades de nuestros gerentes. Como la del elevadísimo número de tasas e impuestos que padecemos o como la de los privilegios que disfrutan buena parte de nuestros políticos. ¿También hay ministros y ministras dispuestos a encauzar esas demandas o acaso, ante tales cuestiones, la “sensibilidad” a la que apelan y de la que se ufanan flojea y flaquea? 

Si algún día este país está dispuesto a poner sobre el tapete el cambio del modelo de Estado, sería muy recomendable una discusión limpia, serena, razonable, bien orientada, con referentes intelectuales de peso. Lejos de las maniobras descaradas y alocadas, caprichosas, pivotando sobre el principio de arbitrariedad, que sufrimos, extemporáneamente y atónitos, los españoles de infantería.

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