miércoles 27/10/21

Te miento continuamente, no solo cuando no me ves, sino cuando me miras a la cara de forma directa. Tranquilo, no me tiembla el pulso, forma parte de mi naturaleza y seguramente también de la tuya si estuvieras en el mismo lugar que yo. Es esa naturaleza humana la que hace al poder tan tentador, tan adictivo, tan corrompedor de las personas. Si algún día llegaras a ostentarlo, me entenderías.

A veces te cuento lo que quieres oír, otras veces te cuento cosas que no te gustan. De eso se trata: de darte una de cal y una de arena. De esa manera me sigues dócilmente esperando la siguiente ración y sin saber de qué será, ¡viva la incertidumbre! Y la cuestión es que no hay consenso en si es mejor la cal o la arena, incluso a veces hasta cambias tu propia valoración según la tendencia de ese día, o te la hago cambiar yo. Es lo que tiene el exceso de información o de desinformación, o más bien la mezcla de ambas. Maquillar la realidad siempre ha formado parte de nuestra historia, y aun sin maquillar, no la vemos tal cual, sino filtrada a través de nuestras propias ideologías.

Hoy te voy a contar algo que quieres oír y que tiene que ver con tu parte más egoísta: esa que quiere algo y lo quiere ya, aspecto que has desarrollado mucho en los últimos años y que yo me he encargado de potenciar para mi beneficio y el beneficio social, aunque tú te creas que es para el tuyo propio. Ahí está la cuestión: yo te digo lo que necesitas y tú te lo crees, y así desarrollas una necesidad imperiosa que he creado de manera deliberada, pero sin la que podrías vivir perfectamente. Eso es algo que no sabes o a lo mejor no quieres saber.

Consumo y más consumo junto con ese entretenimiento que también consumes, ¿o es él el que te consume a ti? “Pan y circo”, como dirían en la antigua Roma. Pero ahora tu necesidad se ha incrementado, es lo que tiene el síndrome de abstinencia que mantienes de manera itinerante desde el mes marzo y que no sabes cuánto más durará. Pero no te preocupes, que ya parece que se ve el final del túnel, así que hoy te voy a dar un plazo más corto en tu retorno a la normalidad para que estés contento y otro día te lo alargo, vamos poco a poco alternando arenas y cales.

Entonces hoy eres un poco más feliz, puedes visualizar la cercanía de lo que antes era la inmediatez de tu cotidianeidad, tan añorada ahora, aunque tan infravalorada antes porque era tan habitual que te pasaba desapercibida. Sin embargo, de momento no eres consciente de lo efímero de esa cercanía; en unos días se irá diluyendo y distanciando hasta que yo haga que te parezca que se acerca de nuevo. Ese tira y afloja constante se encuentra en la base de mi poder y hace que vayas siguiendo mis directrices tan mansamente y sin apenas ser consciente de ello.

Solo voy a aflojar las riendas de mi sutil control porque, aunque en estos meses haya cambiado tu percepción de lo que es realmente importante y valores más ciertas cosas inmateriales, cuando regreses a la normalidad te olvidarás de ello tan rápidamente que yo volveré a tensar esas riendas por la incuestionable certeza de que, cuando todo esto pase, no habremos aprendido nada.

Mientras tanto no levantes la cabeza de tu dispositivo electrónico y disfruta de la pseudofelicidad que te aporta cada “like” cuando vendes tu intimidad o cada vez que tratas de destrozar la vida de los demás con tus opiniones fundadas en la escuela de una vida tecnológica que te hace aprendiz de todo pero maestro de nada.

Te doy la bienvenida a este nuevo orden (¿o es antiguo?) de borreguismo feliz; eso sí, si pretendes ser diferente y persistir en tu intento, te adelanto algo: estarás condenado a la soledad.

Texto inspirado en la obra “Un mundo feliz” de Aldoux Huxley.

SagrarioG
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