domingo 24/1/21

El feminismo no es una cuestión de género

El feminismo no es una cuestión de género, sino de sentido común. Para el que no entienda esta frase porque aún no haya desarrollado esa capacidad o porque la tenga contaminada a base de prejuicios, le aclararé que el sentido común reside en esa inestimable capacidad de juzgar razonablemente las situaciones que nos presenta la vida y decidir con acierto. En este momento, mi parte racional se siente superada por esa otra deseosa de iniciar una plegaria apelando a tan necesaria pero escasa facultad. Bueno, dejemos a un lado los milagros y apelemos a la ¿prevalencia de la razón?

¿Cómo hablar de la figura femenina desde la definición de una cultura que tanto la ignora, la vilipendia y la anula? ¿Cómo resarcir al cincuenta por ciento de la población mundial de resaltar de continuo sus debilidades y obviar deliberadamente sus capacidades?

Empezaremos por mi exposición más repetida en los últimos tiempos: la definición de feminismo. Es decir, movimiento que supone una toma de conciencia por parte de las mujeres, a nivel de colectivo, de la opresión, explotación y dominación que han sufrido a lo largo de la historia y que siguen sufriendo por parte del colectivo masculino, y que las mueve a luchar para liberarse de un sistema de patriarcado llevando a cabo las transformaciones sociales y políticas necesarias para lograrlo.

Y para aquellos cuya susceptibilidad se haya activado con la lectura de esta definición, solo les diré que «deberían hacérselo mirar». La explicación es concisa y clara, aparte de ajustada a la realidad, por lo que no voy a entrar a sobrejustificar algo que cae por su propio peso y que se puede discernir claramente de otras formas erróneamente tildadas de feminismo que no se ajustan al concepto. Otra cuestión es que se quieran aprovechar para desdeñar tan necesario movimiento.

Las mujeres debemos despojarnos de los falsos velos que nos han sido asignados a lo largo de la historia de la humanidad y que aún seguimos portando, pero el hombre también; por eso el feminismo no es una cuestión de género, sino que abarca a la totalidad de la especie. Es necesario que todos los implicados rememos en el mismo sentido para arribar a puerto, pero cuando es evidente que se sigue queriendo llegar a puertos diferentes por mucho que el feminismo los haya aproximado, estos, por desgracia, todavía quedan bastante alejados.

Lo mismo sucede en innumerables cuestiones por nuestra persistente tendencia a erigir nuestro estandarte sobre la base de aquello que nos separa, por encima de lo que nos une. Muchos tenemos claro lo enriquecedora que es la diversidad, ¿pero para cuándo lo tendrá claro el resto? Ah, es verdad, que no todos queremos (o no nos interesa) llegar al mismo puerto.

Cuando las mujeres dejemos de ser el blanco de las depredaciones de tantos miembros de la especie humana, podremos disfrutar del mismo derecho a crecer y prosperar según las leyes de la naturaleza que son comunes para todos, sin excepción. Mientras tanto seguiremos perseverando, así como afianzando nuestra seña de identidad que es la de la creación, y hablo de creación en todas sus modalidades, no solo de la de crear vida. Por eso hoy me quedo con el arte, ese que “evoca los estados del alma” y que constituye “el mapa que alimenta esa alma en las actuales generaciones y que servirá de guía a las generaciones venideras” porque “cada vez que alimentamos el alma, garantizamos su desarrollo”.

Ese arte “reside en las entrañas y no en la cabeza” y, aunque es universal e independiente del género, resalto el arte femenino porque en él se plasma claramente que “el concepto de mujer tiene tal entidad que reside tanto en la lágrima como en el océano” por mucho que el patriarcado no lo soporte.

Texto inspirado y citas entrecomilladas extraídas de la obra Mujeres que corren con lobos de Clarissa Pinkola Estés (1989).

SagrarioG
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