martes 07.07.2020

Un cuento como cualquier otro

Érase una vez un reino muy rico y muy poderoso que era la envidia de los demás, era conocido como el reino del Norte. Durante muchos años había mantenido una gran hegemonía política, económica y social, y todos sus habitantes presumían de pertenecer a él.

Sin embargo, otro reino, el de Oriente, empezó a destacar por sus proyectos comerciales y su avanzada tecnología, por lo que desbancó al reino del Norte que, aunque no llegó a decaer, dejó de ser el primero a nivel comercial.

Cuando el reino destronado cambió de líder, este decidió recuperar esa añorada hegemonía al precio que fuera y para ello difundió su máxima primordial: «nosotros somos los primeros». No en vano, su dirigente se caracterizaba por una gran soberbia y un más que desarrollado ego.

El reino del Norte tomó medidas comerciales muy exigentes que perjudicaban a los demás reinos y que enturbiaron muy seriamente sus relaciones, pero viendo que eso no era suficiente y que el reino de Oriente se posicionaba a la cabeza de un mercado tecnológico que solo él quería ostentar, decidió adoptar una medida tan increíble como desmesurada: expandir un virus bastante letal en el reino competidor.

Ese virus se propagó por el reino de Oriente como la pólvora. Sus índices de contagio fueron muy elevados y empezaron a producirse las primeras víctimas mortales. Ante tal emergencia sanitaria, tomaron la decisión de cerrar sus fronteras para evitar que el virus se expandiera a otros reinos y se centraron en atender a sus habitantes. Aun así, los contagios seguían aumentando exponencialmente y el número de muertos crecía también a un ritmo muy rápido.

El líder del reino del Norte estaba muy satisfecho, el cierre de fronteras le estaba perjudicando enormemente al reino de Oriente a nivel económico y su carrera tecnológica se estaba viendo seriamente dañada, eso le otorgaba una clara ventaja competitiva que no estaba dispuesto a desaprovechar.

Sin embargo, debido a las fluidas relaciones del reino de Oriente con otros reinos y a la inusual pero enorme capacidad de propagación del virus, este apareció también en reinos vecinos generando numerosos contagios y nuevas víctimas mortales. De hecho, a pesar de todas las medidas de contención tomadas, también se extendió a reinos más lejanos, ya que el virus mutaba muy rápidamente y no era fácil su detección en las primeras etapas de incubación.

En unos pocos meses, la expansión vírica fue imparable, los contagiados se contaban por millones a lo largo de todos los reinos, sin excepción, incluso el reino del Norte empezó a sufrir miles de pérdidas de vidas por esa pandemia mundial. Su líder esta aterrado y se dio cuenta de que su enorme egoísmo le había cegado y la situación se le había ido completamente de las manos.

Diferentes reinos estaban colaborando conjuntamente para encontrar un antídoto que frenara la enfermedad, pero el proceso era lento y sabían que aún tardarían bastantes meses en que sus esfuerzos dieran sus frutos, mientras tanto, la población mundial se iba viendo seriamente diezmada.

Daba igual quién estuviera al frente de la carrera comercial, todo eso había pasado a un insignificante segundo plano. El mapa de todos los reinos era una suerte de hospital de campaña generalizado donde no había apenas personal sanitario ni medios para atender a todos los enfermos.

Un día, el líder del reino del Norte se empezó a sentir mal y descubrió con horror que él también estaba contagiado. Debido a su posición, recibió todas las atenciones necesarias mientras otros muchos morían sin tan siguiera poder ser atendidos. Aun así, en pocos días pasó a engrosar la enorme lista de víctimas mortales del potente virus que él decidió propagar.

A los dos años del comienzo de esta historia, se pudo dar con un antídoto que frenó radicalmente la enfermedad y que hizo que los reinos muy poco a poco pudieran empezar a tratar de recuperar una normalidad que tardaría bastantes años en llegar, tras los cuales surgirían nuevos líderes políticos dispuestos a cualquier cosa con tal de ostentar un poder que siempre estaría por encima de todo lo demás.

Este es un cuento como cualquier otro que solo recoge la aciaga historia de nuestra humanidad, esa que se repite una y otra vez sin haber aprendido absolutamente nada.

SagrarioG
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