lunes 16.09.2019

No es abuso, es violación

La sentencia judicial del caso de “La manada” hace justicia, valga la redundancia, pero es que no siempre quienes imparten justicia, hacen justicia; y esto no es un juego de palabras, sino una triste realidad.

Los miembros de “La manada” han sido condenados a 15 años cada uno por un delito de violación, porque no estamos hablando de abuso, ni de una situación de “jolgorio y regocijo” por mucho que cierto magistrado no quiera ver más allá de sus narices, sino que estamos hablando de una violación en grupo a una víctima que tuvo la mala suerte de cruzarse con cinco animales en los Sanfermines de 2016.

Si tenemos en cuenta que la víctima en ningún momento accedió a mantener relaciones sexuales con sus agresores y que sufrió la intimidación de cinco hombres en un lugar y en unas circunstancias donde cualquier intento de resistencia no solo habría resultado inútil por su inferioridad de condiciones, sino que también habría supuesto un mayor riesgo para ella, evidentemente, no estamos hablando de abuso, sino de una brutal agresión sexual.

En caso de robo o asalto, las autoridades nos recomiendan no oponer resistencia para salvaguardar nuestra integridad física e incluso nuestra vida. Si esto es así, es decir, si no oponer resistencia efectivamente es un mecanismo de defensa, ¿por qué en caso de violación se juzga moralmente a la víctima si no opone esa resistencia? ¿Por qué no oponer resistencia se equipara a dar consentimiento?

Por desgracia, hay bastantes casos en los que la víctima ha opuesto resistencia y el agresor ha acabado con su vida. Pero aparte, ¿es que acaso no existe el miedo?, ¿es que la víctima no puede entrar en shock y bloquearse y, por tanto, no hacer absolutamente nada? Pero, claro, la realidad es que, en pleno siglo XXI, se sigue culpabilizando a las víctimas, sin entender la cuestión básica de que los culpables de todas las violaciones son los violadores, siempre.

Tras la sentencia de “La manada”, están las reacciones a favor, pero también están las reacciones en contra, es decir, las de todos aquellos que no ven más allá del machismo que les ciega y que, desafortunadamente, son tan irracionales como numerosos.

Un lamentable ejemplo lo tenemos en las declaraciones de Francisco Serrano, líder de Vox en Andalucía, quien criticó la sentencia del Tribunal Supremo diciendo que “se nota que es una sentencia dictada por la turba feminista supremacista” y añade, entre otras lindezas, que “la relación más segura entre un hombre y una mujer, será únicamente a través de la prostitución”. Precisamente, alude a la prostitución, ese terrible negocio de explotación sexual.

Estas son las escandalosas declaraciones de un exjuez, alguien que ha impartido justicia, porque hoy en día tenemos la desgracia de que impartan justicia quienes previamente carecen de raciocinio, menos mal que ya no es el caso de Francisco Serrano, aunque sí tenga voz en la política andaluza.

Esta cultura machista en la que estamos inmersos, sumada a una gran falta de educación de los magistrados en perspectiva de género, a una generalizada falta de sentido común y a una tremenda falta de empatía con las víctimas, que una y otra vez son revictimizadas, forman una mezcla explosiva. Por fortuna, la sentencia por violación del Tribunal Supremo a “La manada” es una sentencia coherente y justa.

A diferencia de otra muchas, en esta ocasión, se ha hecho justicia, esperemos que siente precedente y que no se vuelva a cuestionar la intimidación a la que se somete a una mujer sola en un portal que sufre la violencia de cinco depredadores sexuales.

SagrarioG
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