Domingo 09.12.2018

Asesinos en potencia

 

Recuerdo cuando en clase de filosofía nos hablaban de la metafísica aristotélica y la diferencia entre “ser en acto” y “ser en potencia”. A nivel general, se podría decir que ser “en acto” se refiere a aquello que realmente se es y, “en potencia”, a aquello que se puede llegar a ser. Es decir, lo que está en potencia es posible, pero puede materializarse o no para llegar a ser en acto. Por ejemplo, una estudiante de psicología es, en acto, una estudiante y, en potencia, una psicóloga, pero todavía no es una psicóloga porque se está preparando para ello, aunque si esa estudiante no finalizara la carrera, nunca llegaría a ser una psicóloga en acto.

Según esto, no es algo disparatado afirmar que todos somos asesinos en potencia. Y alguien me podrá decir que eso es algo obvio, porque todos podemos ser muchas cosas en potencia, no solo asesinos, es decir, podemos no ser algo que, más adelante, por el motivo que sea, sí seamos. Así es, pero me refiero a que considero que todos los seres humanos, sin excepción, tenemos la potencialidad de ser asesinos y que, por desgracia, cada vez es más delgada la línea que separa en este sentido la posibilidad del hecho.

La agresividad humana, manifiesta o no, está en la base de pasar de ser asesino en potencia a ser asesino en acto, es decir, ser un asesino por hechos consumados. Esa agresividad normalmente va unida a un hecho desencadenante y la cuestión es que unos tendrán más facilidad que otros para dar ese paso, aunque algunos no necesitarán ni que haya un elemento favorecedor ya que, desgraciadamente, tendrán esa predisposición. Pero sí habrá otros para los que ese desencadenante tendrá que ser necesariamente extremo y, a un nivel intermedio, habrá a los que no les harán falta grandes motivos para pasar al acto.

Una situación extrema en la que alguien puede pasar de un estado a otro es cuando no le queda más remedio que matar para sobrevivir o para intentar salvar a alguien a quien ama y que se encuentra en peligro. Sin embargo, hay personas que no necesitan una situación tan límite para dar el paso, y es a este nivel donde nuestra sociedad está favoreciendo que haya un incremento, de hecho, noticias como que una persona ha matado a otra tras una absurda discusión, se producen cada vez con mayor frecuencia.

En nuestra teórica sociedad de bienestar de siglo veintiuno prevalece la violencia, el maltrato, la discriminación, el odio. No hay más que ver cómo están proliferando los extremismos y como cada vez tenemos más casos de violencia machista, de racismo, de homofobia, etc.

Casi nos hemos acostumbrado a que gran parte de la clase política sea corrupta y no solo quede indemne, sino que también nos chulee, ya que como en gran cantidad de casos no se castiga, sino que se protege o incluso se premia, muchos de ellos pueden seguir ejerciendo puestos de poder. Pero, claro, debe ser que está cambiando el concepto en cuanto a lo que está bien y lo que está mal, porque ahora no se considera que haya corrupción en que a uno le regalen un máster por su posición, en todo caso, quizás se podría hablar de trato de favor, o ni tan siquiera eso.

A lo que iba, todo lo mencionado fomenta la ausencia de valores, a no ser que haya quien sí los considere como tales, por muy tristes que sean, al egoísmo, la intolerancia, la falta de empatía o la falta de respeto, entre otros, y que solo le interesa que impere la ley del más fuerte.

Como digo continuamente, la base de una sociedad tolerante y respetuosa parte de una educación en esos valores de tolerancia y respeto, tanto en el ámbito educativo como en el ámbito familiar, pero si nuestro sistema educativo hace aguas por todos lados y la conciliación laboral y familiar es prácticamente inexistente, ¿cómo vamos a inculcar a las nuevas generaciones lo que es realmente importante? No podremos sustituir a tanta calaña política y empresarial que, precisamente, es la que hace todo lo posible por mantener esta terrible situación. Así que seguiremos teniendo un país no solo cada vez más mediocre, sino con una gran horda de asesinos en potencia con mayores papeletas para serlo en acto, porque a pesar de caracterizarnos, en general, por un tremendo inmovilismo social y una gran facilidad para tragar toda la mierda que nos den, cada vez habrá más estallidos de violencia de personas sin valores con resultados dramáticos, más agresiones por motivos de raza, de ideología o de género. Un ejemplo claro de esto lo tenemos también si miramos al resto del mundo, donde vemos que la extrema derecha está proliferando y alimentando los extremismos, el último caso, el de Brasil.

En España, es necesaria una profunda reforma en muchos ámbitos: a nivel judicial, a nivel electoral, a nivel educativo, a nivel laboral, a nivel sanitario, etc. Cuando un país necesita una reforma tan bestial y tan generalizada, y los que están en la posición de hacerlo están inmersos en sus propias luchas de poder, y hay quien no para de poner trabas porque esas reformas chocan con sus propios y corruptos intereses, la situación es realmente grave, pero más grave es aún cuando a la mayor parte del resto de la sociedad esto realmente le importa una mierda.

SagrarioG
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