martes 07.07.2020

La sierra de Aracena: confluencia de España y Portugal

El pueblo de Galaroza ha acogido el XXI Encuentro de Escritores de la Sierra. En esta Sierra de Aracena, provincia de Huelva, muchos laboran, leen, escriben, y hace más de veinte años que organizan este evento. Además, han tenido la amabilidad de invitar a quien subscribe, Rui Vaz de Cunha, como han invitado también a Fernando Cabrita, del Algarve, o a François Blanc, francés reasentado en Portugal. Porque una de las cosas que promueven estos escritores es el encuentro, o reencuentro, entre España y Portugal. Me dieron la oportunidad de hablarles de dos de nuestros creadores: el poeta Jorge de Sena y aquel artista total que fue Almada Negreiros.

Siempre es una alegría compartir con los amigos las poesías, los escritos, las conversaciones. Al mismo tiempo queda nublada por una cierta nostalgia, casi melancolía, por tener que marcharse de aquellas sierras lejanas, verdes, de pueblos pequeños, límpidos, tranquilos.

Muchos de los asistentes conocen la lengua portuguesa, como Manuel Moya que ha traducido a Pessoa, a Jorge de Sena y a Fernando Cabrita. Otros, como Mario Rodríguez y Pedro Vázquez, además de escribir, gestionan, coordinan y convocan voces que llenan de vida literaria lo que sin ellas sería un páramo cultural.

Esta zona de la Raya siempre fue singular. Apartada de Madrid y de Sevilla, vivió en una especie de limbo que la ha preservado de la degradación que han sufrido otras partes de España. Es una tierra dura, que daba poco, como pone de manifiesto otro participante, Expedi Vázquez en su interesante novela, casi reportaje, titulada Estraperlo, sobre la vida de los contrabandistas de café, los cafeteros de Aroche, que se jugaban la vida trayendo en los años cuarenta y cincuenta café portugués a la zona de las minas onubenses. También participó Rafael Vargas, poeta que tuvo que emigrar a Cataluña, autor de unos versos que salen desde lo más profundo del corazón humano. Y Juan Carlos Brázquez, que habló sobre Platero y yo y Juan Ramón desde una nueva perspactiva.

Hay un dato que explica el éxito de estos encuentros: todos son voluntarios, nadie cobra nada; desde el alcalde hasta el último asistente, todos ponen su tiempo e ilusión en organizar cada año esta reunión de amigos literarios. Una sensibilidad y una disposición cada vez más raras en estos tiempos.

Cuando escuchamos a los escritores, poetas que allí acuden, a la humilde y bella Galaroza, quedamos más que sorprendidos, casi indignados, de que nadie, ni en la prensa cultural, ni por supuesto en las empresas editoriales, hayan tenido el coraje, la generosidad y la visión de publicarles nada. Las editoriales pasan de largo, si es que pasan, y no se detienen; no hay negocio claro, y menos en la poesía.

En la próxima primavera, acogerá de nuevo a escritores de ambos lados de la Raya. Volverán a leerse poemas en castellano y en portugués. Otras novelas se presentarán ante ese público cordial formado por los que sienten de verdad la literatura. Tal vez se acuerde realizar algún futuro acto en el lado portugués.

Uno se alegra de veras cuando las autoridades de ambos países otorgan premios y distinciones a escritores que se distinguen por acciones en favor de un fluido intercambio  cultural entre España y Portugal. Sin embargo, también lamenta que esas autoridades nunca se acuerden de esos otros escritores, como los de la Sierra de Aracena. Pero yo invito a esos eruditos miembros de los jurados que premian el acercamiento cultural entre los dos países (¿qué ha hecho Lidia Jorge para obtener el galardón hace unas semanas?), a que no sólo vean lo que las grandes editoriales les ponen encima de la mesa, sino que exploren, indaguen, se enteren y reconozcan el mérito y el enorme valor de estos escritores serranos.

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