sábado 25/9/21

Los Españoles, la política y el centro

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Se ha comentado mucho el discurso de Pablo Casado durante el debate de la moción de censura presentada por VOX. Muchos percibieron un suicidio político en el supuesto giro al centro en esa diferenciación que remarcó hacia VOX. Otros creyeron ver a un PP más dócil tras situarse allí. Y ni ha sido un suicidio ni el PP entra en el terreno de la docilidad acomplejada. Porque lo cierto es que, en el denominado “centro” -en esa perniciosa comprensión ideológica lineal con la que se sigue clasificando a los ciudadanos- no había nadie. Y lo que hizo Casado fue ocupar, al menos, el hueco libre que tenía esa denominación. Fue un movimiento que sorprendió al Gobierno o, lo que es lo mismo, a toda la izquierda. Habían infravalorado al Partido Popular porque le creyeron más preocupado por una fuga de votos hacia VOX más que discutible a largo plazo que por erguirse sobre sí mismo y generar una alternativa.

El asunto de la moción de censura no fue el tono de Casado contra Abascal. Sino cómo el líder popular supo poner el foco sobre sí mismo evidenciando que no hace falta disfrazarse de español para demostrar que se es y que lo necesario es una alternativa política para la nación. Con esto, Casado ocupó un sitio -al menos en lo concerniente a la epidermis discursiva- que ya nadie ocupaba. Porque quien había creído ser ese supuesto centro (Ciudadanos), para entonces ya se había bebido hasta la última gota del botecito mediano de Wynn’s con el que engrasa su veleta cada semana. Eso sin contar que, si aceptamos el simple análisis ideológico de la sociedad en una línea, el centro es el 5 y nada más que el 5. Y, sin configurar una alternativa creíble y válida (fuera de Cataluña Ciudadanos siempre fue un oxímoron, un tocino magro), Ciudadanos había pretendido ir de árbitro por la vida. Como dice mi amigo John Müller, cuando la gente va a un partido de fútbol, la única camiseta que nadie lleva puesta es la del árbitro.

En resumen, que Casado se sacudió de encima en treinta minutos de discurso tanto a los que tiraban del PP hacia la derecha como a los que lo empujaban, así como a los que creían estar en un sitio en el que nunca estuvieron. Todos ellos pretendiendo en común llevar al PP a un lugar inhóspito y despoblado. Y para evitarlo, Casado se situó donde nadie estaba. Dio un pase largo a un hueco y él mismo estaba esperando el balón completamente desmarcado. Sin querer hacer de árbitro, sino ejerciendo de protagonista. Ocupando el centro del debate político. Que es otra forma de ser centro -casi en un sentido vitrubiano- y poniendo al propio Iván Redondo a trabajar para él. Porque, tal y como dijo en su día el hoy Jefe de Gabinete del Presidente Sánchez, “las luces largas sirven para ver lo que el cortoplacismo electoral oculta: las victorias electorales deben estar apoyadas en ‘una ideología reconocible’, pero la base está en el centro porque siempre es un espacio más amplio por su carácter aspiracional por encima de frentes. La clave es desplazar ese centro a tu causa.”. De momento, el Partido Popular al menos ha optado por construir una alternativa y dejar de explicar España como si fuera una oficina. Ahora le queda lo más trabajoso: llenar esa alternativa de propuestas, de aspiraciones y de votantes.

¿QUÉ ES SER DE CENTRO EN LA VIDA Y EN LA POLÍTICA? Y ¿CÓMO SOMOS EN REALIDAD LOS ESPAÑOLES?

Rodríguez-Arana, en un artículo publicado en Diario de Avisos en 2019, supera el concepto de centro diseñado por Nolan y habla de una circunferencia. “En ella” -asegura- “el centro ocupa una posición de apertura a todos los puntos de la superficie y desde la que se mira arriba, abajo, a la izquierda, a la derecha…, sin la rigidez impuesta por aquel tradicional segmento polarizado”.

El caso es que definir ideológicamente a los españoles situándolos en una sola línea recta que cruza de izquierda a derecha resulta demasiado simple. Nuestra sociedad ha evolucionado política y socialmente hasta ser poliédrica, no lineal. Y por eso mismo también es posible, aunque no fácil, agrupar a colectivos muy grandes de personas en torno a determinadas manera de vivir o de ser. Pero no solo desde el eje ideológico. Por eso es complicado visualizar a muchas partes de la sociedad. En este sentido, la idea de circunferencia o círculo de Rodríguez-Adra solo nos sirve parcialmente para explicarnos hoy porque no se trata solo de izquierda, derecha y centro puesto todo en un círculo. Sino de leer a la sociedad tal y como ésta se ha configurado a sí misma. Usando un círculo, sí. Pero de otra manera.

Hay al menos una empresa que lleva décadas estudiando a la sociedad española y que la disecciona con una nitidez que supera con mucho las encuestas tradicionales y el Big Data. Porque tanto las encuestas tradicionales como el Big Data dejan muchas zonas ciegas, que sí se localizan y diseccionan con una precisión quirúrgica en este otro tipo de análisis. 300 variables en juego. Pasadas por un algoritmo de diseño propio. Resultado: 16 tipologías sociológicas. Es decir, 16 tipos de españoles.

Ahora sí, imaginemos un círculo: representa en su totalidad al censo electoral, es decir, a las personas que pueden votar. Ese círculo está dividido en 16 porciones de diferente tamaño porque hay tipologías que congregan a un mayor número de ciudadanos que otras. Los individuos que las integran están localizados por sección censal. Se puede saber cuántas secciones censales conquistadas tiene un partido o cuanto voto potencial tiene en cada sección censal. Se puede saber dónde merece la pena ir a hacer campaña y dónde no. Y qué cosas decirles cuando se va, con las palabras exactas con las que definen su vida cotidiana. Y se puede saber el cuándo, porque es posible detectar inquietudes sociales aún en el momento en el que apenas se están empezando a hablar en el bar y no han superado siquiera la barrera de las sobremesas familiares.

El número de tipologías es lo de menos. Se trata de una nomenclatura, una convención para poder trabajar de forma eficaz. Se pueden hacer 8, 30 o 25. Pero en esas 16 se ya se aprecian multitud de zonas ciegas. Esos 3 ó 4 puntos que dan una victoria electoral. O dónde están esos pocos cientos de votos que permiten rascar un concejal o dos, que deciden ese diputado en liza o que facilitan un gobierno. Algunos han pretendido intentar un análisis parecido llamando con otro nombre a las tipologías, pero no tienen ni la experiencia de décadas, ni el algoritmo de quienes lideran este tipo de análisis. Vamos, que no tienen nada, apenas algún enteradillo cree saber la fórmula de la poción mágica porque una vez la olió de lejos. Gente, en definitiva, que nunca tuvo en su mano el ingrediente secreto.

Y AHORA, ¿QUÉ?

Los partidos viven polarizados porque ni escuchan -y por tanto no comprenden- a los españoles. Y los españoles nos dejamos llevar. Es posible una buena política que además sea nueva. Que se escape del frentismo. Que ocupe ese mal definido “centro”, o lo que diablos sea.

Pero solo será posible si los partidos optan también por acercarse a los ciudadanos no en función de cómo les gustaría que fueran sino como son realmente. Atendiendo las zonas ciegas sobre los que solo unos pocos son capaces de arrojar luz. Y saber renunciar a esa especie de olfato de algunos gurús para poder hacer política atendiendo a la verdadera realidad de los españoles. Muchos gurús están dentro de los partidos. Otros pretenden ejercer desde fuera. La mayoría en realidad, geniales profetas del pasado, pero malos lectores del presente.

Probablemente, el camino tenga más que ver con qué hay de común en esas tipologías y, una vez descubierto qué es lo que las une, articular una alternativa que se module sabiendo unir esas diferencias.

Porque el centro no es un punto en una línea. Ni un lugar en un círculo. El centro es una forma de hacer política que entienda las frustraciones de la sociedad y la lidere para que pueda superarlas. Hoy por hoy, en lugar de un término o una simplificación, el centro debería ser esa “ideología reconocible” que supiera crear una alternativa mirando en esas en las zonas ciegas de una sociedad que es mucho menos simple que lo que refleja una simple encuesta de intención de voto.

El tema es si los partidos son lo suficientemente valientes como para trabajar internamente puestos al servicio de los ciudadanos, sobre todo observando todas esas esas zonas ciegas. Es la forma de reflejar en sus proyectos políticos tanto lo que los españoles esperan de sus representantes como lo que esperan de sí mismos.

Hay posibilidades. Pero no están ni en el titular del día siguiente, ni en Twitter, ni en una history de Instagram. Está en coger un telescopio Hubble para mirar lo que ocurre en la parte donde parece no haber estrellas. Esas zonas oscuras. Esas zonas ciegas. Eso que también somos los españoles. Eso que solo ilumina el microtargeting electoral.

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