domingo 26/9/21

Ser buena persona merece la pena

Imagen de jplenio en Pixabay
Imagen de jplenio en Pixabay

En verano cuando desconectamos de nuestro día a día, es el mejor momento para pararnos a pensar en qué podemos mejorar como persona. Cómo seamos, afecta también a nuestra esfera profesional, aunque algunos piensen que no tiene importancia. 

Decía Mahatma Gandhi “Un hombre no puede actuar con acierto en un nivel de su vida si está ocupado actuando desacertadamente en otro. La vida es un todo indivisible” y Howard Gardner, neurocientífico, autor de la teoría de las inteligencias múltiples en una entrevista que realizó para la Vanguardia dijo:

“Las malas personas no pueden ser profesionales excelentes. No llegan a serlo nunca. Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes.

Los mejores profesionales son siempre: excelentes, comprometidos y éticos”

Esto nos lleva a plantearnos si como profesionales estamos abordando correctamente nuestra formación. Estudiar un master, saber de inteligencia artificial, robótica, comunicación y saber muchos idiomas no nos garantiza que seamos buenas personas.

Para ser buena persona hay que trabajarlo todos los días, nuestras decisiones y acciones determinarán que lo seamos o no y mantenerlo en el tiempo no es sencillo, debemos de habernos comprometido con ello ya que el entorno en el que vivimos no nos lo pone nada fácil. Parece que las personas que triunfan son las que obstaculizan el crecimiento de otras y por ello dudamos si merece la pena serlo o debo optar por convertirme en un “tiburón”.

Unirnos con buenas personas y promover su crecimiento nos ayudará a mantenernos en nuestro propósito de ser mejores personas, además de vivir en un ambiente mucho más saludable.

Muchas veces cuando actuamos para ayudar a otros, hay demasiada gente que nos dice que somos “tontos” por hacerlo. Esta actitud generalizada no tiene ningún fundamento, principalmente porque todos sin excepción necesitamos a los demás para alcanzar nuestras metas y sin su ayuda no lo conseguiremos.

Cuando tenemos una actitud proactiva de ayuda, logramos que esas personas por lo menos en parte, hayan alcanzado su propósito gracias a nuestra colaboración. Nosotros somos parte de ese éxito nos lo reconozcan o no. ¿Porqué vamos a renunciar a ello?

Todos tenemos unas agendas de contactos estupendas pero esos nombres no sirven de nada si no somos generosos. Poner en contacto a personas que entre ellas se pueden ayudar hace que esa “agenda” crezca ¿porqué no lo vamos a hacer? ¿tenemos miedo? ¿falta de confianza en nosotros mismos? ¿envidia?

La vida nos demuestra que ser una buena persona a largo plazo merece la pena, aunque a corto nos parece que no obtenemos resultados. Todos queremos tener hijos que nos quieran, que sean generosos, íntegros, leales etc. Los niños aprenden de nosotros, cómo lo van a ser si lo que ven en su casa es lo contrario, falta de amor, de generosidad, de integridad, de lealtad.

La madre Teresa de Calcuta decía “La palabra convence, pero el ejemplo arrasa. No te preocupes porque tus hijos no te escuchan, te observan todo el día”.

Nos gastamos miles de euros en nuestra formación y en la de nuestros hijos, pero ser buena persona no cuesta dinero, pero si esfuerzo, depende de nosotros.

¿Apuestas por ello?

https://www.linkedin.com/in/myriam-gonzalez-navarro

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