lunes 2/8/21

En 1978, año en el que se aprobó la vigente Constitución Española, la canción que no paraba de sonar se llamaba “Libertad sin ira” del grupo Jarcha. Su letra dice así “Dicen los viejos que en este país hubo una guerra. Que hay dos Españas que guardan aún el rencor de viejas deudas…..Pero yo solo he visto gente que sufre y calla, dolor y miedo..

Ahora, nos encontramos en el 2020 y efectivamente hay dos Españas:

1.- Esos “viejos” que están anclados en el pasado que lo único que promueven es destrucción de las personas, de las familias, de las Instituciones, de nuestros símbolos, de nuestra historia, de la economía, de la educación, del empleo, de la justicia etc, excluyentes de los que no piensan como ellos, aferrados a la queja constante, al “provechoso” mundo de la subvención y que se apoyan para conseguir sus pretensiones, sin ningún escrúpulo, en los enemigos declarados de España

2.-Esa España que se levanta todos los días, pensando cómo crecer como persona y profesional, aprovechando sus talentos, ayudando a otros a que también los pongan en marcha, dispuesta a superar la adversidad mediante su acción, con espíritu proactivo de adaptación al cambio, que mira en “grande”, que apuesta por las novedades tecnológicas, para conseguir sacar adelante los proyectos, que quiere lo mejor para su pareja, sus hijos, sus amigos, sus vecinos, sus compañeros de trabajo. Personas con valores, con el propósito de conseguir mejorar ellos, su familia, la sociedad, su país y el mundo.

Esa España, que tiene la vista puesta en las oportunidades que nos da la vida y cómo podemos aprovecharlas para lograr una España mejor.

Ambas Españas compartimos territorio, pero nuestra visión de como afrontar la vida es completamente diferente.

La primera, busca personas totalmente dependientes del sistema. Las hacen creer que las ayudan y lo único que generan son personas cautivas, incapaces de gestionar su propia vida.

Juegan con el futuro de los niños, promoviendo una educación basada en lo que ellos llaman “libertad”, consistente en hacer lo que te apetezca en cada momento, sin incluir por supuesto la palabra responsabilidad. Niños educados en el “yo” no en el “nosotros”. El esfuerzo en la vida ¿para qué? si vas a conseguir aprobar, aunque nunca llegues al mínimo exigible. Educar en la confrontación y el victimismo entre ricos y pobres, mujeres y hombres, inmigrantes y nacionales y en que la solución a los problemas tiene que venir del exterior, no de su propia acción.

La segunda España promueve que las personas puedan ser libres desde la responsabilidad. Que sus hijos sean educados en valores, entre los que se encuentra el esfuerzo, el espíritu de superación, afrontar la adversidad, se les enseñen las habilidades y conocimientos técnicos necesarios, para que sean capaces de salir adelante, por sí mismos, en un mundo laboral tan competitivo.

Esa España con mentalidad emprendedora, con capacidad de adaptación al cambio, que no escatima esfuerzos por seguir aprendiendo, adaptarse a los cambios tecnológicos, desempeñar su trabajo con eficacia, compaginar la vida laboral y familiar. En definitiva que lidera su vida y su profesión desde la libertad.

El Covid19 ha puesto de manifiesto estas dos realidades, y el gobierno se ha puesto manos a la obra sin dilación, a solucionarlo ¡Ley Celaa! Restricción de la libertad en la educación, con presunta vulneración de los derechos fundamentales de los ciudadanos.

Más de cuarenta años después, volvemos como dice la canción a ver “gente que sufre y calla, dolor y miedo…” ante la impotencia que ocasiona ver que el futuro de nuestros hijos está en riesgo, sin darnos cuenta que la respuesta está en nosotros, dar un paso al frente y defender la libertad. Pero esta vez ¿Quiénes son “los viejos”?.

 

Myriam Isabel González Navarro

 

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