viernes 14/5/21

Liderar desde el ser no desde el tener

Estamos viviendo una situación de inestabilidad en el mercado de trabajo. Personas que se encuentran en ERTE y no saben cuándo se reincorporarán a su puesto, otras que ven todos los días como su empresa está perdiendo clientela o que sus proveedores habituales van desapareciendo, un porcentaje cada día mayor de trabajadores que van engrosando las listas del paro y los jóvenes que no consiguen los contratos en prácticas, imprescindibles para conseguir sus titulaciones, ya no digamos incorporarse a un puesto de trabajo. Los autónomos, las profesiones liberales, las Pymes ven día a día como sus facturaciones se reducen y pueden perder todo por lo que han estado trabajando toda su vida.

Liderar
Liderar

Esta situación, está provocando una pérdida de autoestima en las personas que carecen de las herramientas necesarias para ser capaces de superar la adversidad.

Nuestra sociedad está acostumbrada a ensalzar a las personas que “tienen” dinero, puestos importantes, casas, coches de lujo etc. y muchos “miran por encima del hombro” a aquellos que su situación social o económica es menor. Esto provoca que cuando alguien pierde su trabajo, su puesto o ve reducidos sus ingresos, tenga la sensación de haber perdido su valía como persona y profesional. 

Vivimos en un momento en que lo material puede carecer de importancia, cuando nos encontramos en un hospital con un respirador, sin saber si vamos a ser capaces de resistir el ataque del temido “bicho”. En esa coyuntura, somos todos iguales, necesitamos lo mismo, la cercanía de las personas que nos quieren y nos cuidan. Nos empezamos a plantear todas aquellas cosas que no hemos hecho por atender obligaciones que eran urgentes y que ahora resultan insignificantes. Es ahora, cuando nos damos cuenta de todas las personas que hemos ido perdiendo por el camino, por no prestarles la atención que necesitaban. Visualizamos en que situación se encuentra nuestro propósito de vida y nos percatamos que lo perdimos en el camino.

Ha llegado la hora de cambiar, las personas son lo realmente importante. Todos sin excepción, necesitamos que nos quieran y sin ese amor seremos infelices. Adoptar la generosidad como bandera, “dar” sin esperar nada a cambio, logrará acercarnos a aquellas personas que nos ayuden a conseguir nuestros sueños. 

Adoptar la decisión de ponerse a disposición de las personas que nos rodean, para contribuir a que crezcan, activar nuestras agendas para ayudarlas a encontrar un puesto de trabajo, poner en marcha un proyecto o que puedan conseguir una venta debiera ser nuestra actitud.

Tratar con cariño y aprecio a todas estas personas que han perdido su trabajo, es una obligación moral. Circunstancias externas han ocasionado que se encuentren en esta situación, pero todas y cada una de ellas se merecen respeto especialmente por parte de la administración. 

Ninguna de ellas son un número, son personas con sus valores, sus talentos, sus propósitos. Cada uno de los que todavía tenemos la suerte de conservar nuestro trabajo, deberíamos buscar el tiempo para escucharlas, detectar sus habilidades y ponerles en contacto con aquellas personas que pensemos que les pueden ayudar. 

Las empresas y los reclutadores deberían pensar que cada CV recoge la vida entera de una persona, su esfuerzo, los retos conseguidos, el espíritu de superación y una clara expectativa de lograr ese trabajo que le ayudará a seguir superándose en la vida, además de otorgarle el dinero para sacar adelante a su familia. Se merecen por lo menos esa llamada que les ayude a saber que es lo que tienen que mejorar para la próxima vez no fallar.

La transformación que necesita la sociedad está en nuestras manos, si cada uno de nosotros amamos, cuidamos y damos sin esperar nada a cambio estaremos contribuyendo a ser parte de la solución a esta gran lacra social que es el desempleo.

Myriam I. González Navarro

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