lunes 2/8/21

Vivimos en un momento de incertidumbre desde que el covit-19 llegó a nuestras vidas en el mes de marzo. En este tiempo, hemos sido capaces de adaptarnos en un tiempo record, a convivir con la enfermedad, la muerte, la falta de libertad, cambiar nuestros hábitos de vida, el modo de mostrar afectividad a los demás, teletrabajar, ser profesores de nuestros hijos, superar los miedos, la soledad. Todo este cambio, nos ha hecho crecer como personas y profesionales.

Ante una situación de crisis, en la que está en juego nuestra vida, nos hemos dado cuenta, que las palabras son huecas sino van acompañadas de ejemplo. 

La sociedad, ha puesto el foco en personas capaces de arriesgar su vida por proteger la nuestra, en las personas generosas que se han puesto voluntariamente al servicio de los demás sin esperar nada a cambio. En definitiva, personas que actúan de acuerdo a valores como el amor, la lealtad, la generosidad, la humildad, la justicia, la integridad, la libertad, en las que se puede confiar y tienen autoridad, generada por su comportamiento.

Durante mucho tiempo hemos llamado líder a todo aquél que ostentaba un cargo, pero cuando ha llegado el momento de poner en sus manos, nuestra seguridad personal y la de nuestra familia, hemos constatado que lo realmente importante era poder confiar en ellos.

La confianza, la hemos encontrado, en las personas que se han puesto al servicio de la sociedad. Todas ellas, han conseguido la confianza y autoridad propia del verdadero liderazgo “El Liderazgo de servicio”, el personal sanitario, los militares, la policía, las personas que prestan servicios esenciales, los voluntarios. 

Todos trabajan unidos con el propósito de salvar vidas, acabar con la pandemia y colaborar en que se puedan seguir prestando los servicios básicos.Además, nos encontramos ante una nueva realidad, cada uno de nosotros, somos esenciales para conseguir el objetivo de acabar con el virus. No importa el nivel económico, técnico, el puesto que ocupemos dentro de la sociedad. Todos somos imprescindibles.Pero ese papel, lo hemos tenido siempre, aunque muchos no hemos sido conscientes de ello. La sociedad en la que vivimos y la respuesta que damos a los problemas, la construimos cada uno de nosotros en nuestro día a día, por lo que todos, somos corresponsables por acción u omisión de lo bueno y de lo malo que tenemos. 

En este momento, nos damos cuenta de los valores perdidos, la falta de amor, de generosidad, de justicia, de humildad, de libertad, de solidaridad, pero también admiramos a las personas que los practican.

Nos encontramos ante una gran oportunidad, liderar nuestra vida. Cada uno de nosotros tenemos la capacidad de decidir amar, ser generosos, justos, humildes, libres, pero tenemos que comprometernos con ello, mediante la acción, no dependemos de nadie.

Así conseguiremos la confianza y la autoridad para influir en los demás y lograr ser el ejemplo necesario para construir una sociedad, una España y un mundo mejor.

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