lunes 2/8/21

Este año 2020 estará en nuestra memoria para siempre. No ha sido un año fácil para nadie, pero de las dificultades podemos sacar lecciones importantes que nos servirán para el resto de nuestra vida.

Llega la Navidad, las luces de las calles ya están encendidas, los principales Belenes abiertos, los villancicos suenan en las tiendas, todos estamos deseosos de salir a la calle y contemplar la ciudad en movimiento.

Sabemos que no somos los mismos, nuestra vida ha dado un gran vuelco.

Hemos aprendido que levantarnos por la mañana y estar sanos, es un lujo, que tener la oportunidad de cuidar a nuestros seres queridos cuando están enfermos, es un premio, ir a visitar a nuestros padres y darles un fuerte abrazo el mayor deseo, respirar sin mascarilla, dar un paseo por la naturaleza, viajar, etc. Nuestra escala de valores ha cambiado.

Toda la vida esforzándonos, estudiar una buena carrera, idiomas, tener un buen puesto de trabajo; comprarnos la casa, el coche, pensando que el dinero nos daría la felicidad y resulta, que nos damos cuenta, que la teníamos a nuestro alcance. Simplemente intentando entender, cuidando e influyendo en las personas que teníamos al lado, es decir, amando, la hubiéramos logrado.

Hemos aprendido que necesitamos trabajar en aquello que nos apasiona, aunque para ello tengamos que “reinventarnos”. Estudiar, arriesgar, trabajar sin descanso, poniendo en acción nuestros verdaderos talentos, para poder conseguir nuestro propósito de vida que hemos tardado en encontrar.

Hemos aprendido que cada uno de nosotros somos importantes, nuestras decisiones responsables contribuyen a solucionar los problemas de todos.

Hemos aprendido que somos capaces de adaptarnos a los cambios en tiempo record, aceptándolos y actuando para incorporarlos.

Hemos aprendido a valorar nuestra libertad, impulsándonos a tomar nuestras propias decisiones, aunque para ello tengamos que asumir la responsabilidad de sus consecuencias.

Hemos aprendido la importancia de la verdadera amistad, sustentada en el “DAR SIN ESPERAR NADA A CAMBIO”.

Hemos aprendido que el regalo más valioso, no es el que más cuesta, sino el que se hace con amor.

Este año la mesa de Navidad será más reducida, pero apreciaremos a cada una de las personas que estemos en ella.

Las calles por las que paseamos son lo que cada uno de nosotros queremos que sean, una sonrisa, una palabra amable, ayudar a alguien depende exclusivamente de nosotros, actuemos y lograremos respirar la verdadera Navidad.

 

Myriam I. González Navarro

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